La verdad de las Zonas de Reserva

La verdad de las Zonas de Reserva

Marzo 20, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Descubrir que la existencia de las Zonas de Reserva data de 19 años atrás, cuando se creó el Sistema Nacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino, implica reconocer que el Estado colombiano ha dado pasos firmes para ampliar las fronteras agrícolas y resolver el problema de los campesinos sin tierra".

Creadas por la ley 160 de 1994 para “promover y consolidar la paz, a través de mecanismos encaminados a lograr la justicia social, la democracia participativa y el bienestar de la población campesina”, las Zonas de Reserva Campesina están hoy en el centro de la atención. Es el resultado de informaciones parciales sobre lo que se negocia en la Habana y de explotaciones oportunistas que las Farc hacen en su intento de presentarse como defensores de los campesinos.Descubrir que la existencia de las Zonas de Reserva data de 19 años atrás, cuando se creó el Sistema Nacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino, implica reconocer que el Estado colombiano ha dado pasos firmes para ampliar las fronteras agrícolas y resolver el problema de los campesinos sin tierra. En ese propósito, las Zonas no pueden ser tomadas como reacción a la falta de Estado o como una licencia para crear especies de territorios ajenos a la Constitución y las leyes que rigen en todo el territorio nacional.“Regular la ocupación y aprovechamiento de las tierras baldías de la Nación, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos de escasos recursos, y establecer Zonas de Reserva Campesina para el fomento de la pequeña propiedad rural, con sujeción a las políticas de conservación del medio ambiente y los recursos naturales renovables y a los criterios de ordenamiento territorial y de la propiedad rural que se señalen”. La cita anterior sirve para formarse una idea de lo que Colombia ha tenido como objetivo. Otra cosa es que los gobiernos le hayan restado el impulso a la iniciativa más importante para asegurar la colonización y el ejercicio de la soberanía en todo el territorio nacional.Además, para comprender a dónde han llegado las cosas es importante reconocer que la debilidad del Estado y la obstinación en un centralismo excluyente que le impide atender a la Nación campesina, terminaron por mezclar los narcocultivos, la política y la presión de las guerrillas, en la propuesta aprobada en 1994. Así, ahora las Farc se presentan como defensoras de las Zonas y pretenden reclamar que el Gobierno garantice la entrega de 10 millones de hectáreas, casi la tercera parte de las tierras agrícolas del país, a la creación de comunidades casi autónomas y por fuera de la organización administrativa establecida en la Constitución Nacional. Ese es entonces el meollo de la discusión que hoy existe sobre las Zonas de Reserva Campesina, no el que quieren imponer la guerrilla y quienes se proclaman líderes de las seis comunidades establecidas, algunos de los cuales declaran sin reato que las áreas reconocidas por el Estado son usadas para cultivos ilícitos. Ese no es el sentido de la ley 160 de 1994. Y la ausencia del Estado no puede ser argumento aceptable para delinquir.En conclusión, a las Zonas no hay que temerles porque forman parte del ordenamiento jurídico. Lo que sí debe ser rechazado es el afán de las Farc por apropiarse de una iniciativa que tiene 19 años, y su propósito de usar los diálogos de La Habana para tomarse la vocería de comunidades a las cuales han agredido toda la vida.

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