La verdad ante todo

La verdad ante todo

Febrero 25, 2018 - 05:45 a.m. Por: Editorial .

Los descubrimientos de la Fiscalía General de la Nación sobre empresas de propiedad de las Farc y no declaradas, así como sobre la existencia de testaferros que se prestaban para encubrir patrimonios enormes, reclaman respuestas.

Es inaceptable que después de haber hecho concesiones difíciles y polémicas para firmar un acuerdo con ese grupo, la Nación reciba a cambio mentiras sobre uno de los puntos vitales para creer en la buena fe de la contraparte.La incautación de un patrimonio compuesto por xxx bienes y negocios en marcha, cuyo valor calculado supera los $650.000 millones parece confirmar las aseveraciones del organismo investigador sobre la existencia de una enorme riqueza no declarada de la guerrilla que firmó el acuerdo para terminar el conflicto en diciembre de 2017. De confirmarse ese entramado de falsedades, deben producirse consecuencias inmediatas.

En su momento, las Farc entregaron una relación de bienes que incluían trapeadores, escobas y otros enseres domésticos. Esos bienes serán utilizados para resarcir a las víctimas, lo que de por sí aumenta la obligación de ser transparentes si de verdad se quiere contribuir a la reconciliación y existe un interés real en reparar los enormes daños causados por una violencia inútil de cincuenta y tres años de duración.

Esas características son las que han llevado a la mayoría de los colombianos a aceptar medidas como la suspensión de las órdenes de captura a los integrantes de las Farc y la creación de la Justicia Especial de Paz, a permitir su participación en la política y a entregarles diez curules en el Congreso. Todo ello se basa en la buena fe y en la confianza sobre la intención de los jefes de esa organización de decir la verdad, permitir que actúe la justicia y contribuir a la reparación de quienes fueron golpeados por el llamado conflicto.

Sin embargo, ahora están apareciendo bienes ocultos descubiertos por las autoridades. Y ya es común escuchar en los medios de comunicación a los autores materiales e intelectuales de actos de terrorismo como la voladura del Club El Nogal en Bogotá, justificando esos crímenes en sospechas infundadas. O a quienes llevaron a la desaparición y muerte de ciudadanos indefensos, diciendo que esos eran ‘actos de guerra’ y que si se quiere la paz no se puede seguir esculcando el pasado.

Nada de eso puede ser aceptado, y quienes no cumplen con el deber de decir la verdad están incumpliendo los acuerdos firmados en el Teatro Colón. A Colombia no se le puede obligar a aceptar como verdadero lo que le han dicho quienes comandaron la más grande y poderosa organización al margen de la ley, sin derecho a investigar si eso es cierto, como lo están haciendo la Fiscalía y demás instituciones de control.

Es la verdad la que debe resplandecer si se busca la paz y se quiere contribuir a ella. Esa es la responsabilidad que adquirieron los integrantes de las Farc, y que el país ha entendido como su aporte a la reconciliación y su retorno a la sociedad. Si esa verdad no existe, quedan en el aire las concesiones, las excepciones y los acuerdos que se negociaron en La Habana durante cinco años.

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