La tragedia de las cárceles

La tragedia de las cárceles

Marzo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Cali es un ejemplo patético de esa crisis: con una capacidad para recibir 1.700 internos, la cárcel de Villahermosa tiene hoy una población de 5.380 personas. Es decir, un hacinamiento del 350%. Para su manejo sólo hay 200 guardianes, lo que equivale a uno por cada 27 presos. De otra parte y según informes de entidades encargadas de vigilar el respeto a los Derechos Humanos, las edificaciones que conforman la cárcel presentan serios problemas estructurales.

Para una sociedad democrática, que debe garantizar la seguridad y el castigo a las conductas antisociales y a la vez garantizar sus Derechos Humanos, uno de los temas más difíciles de enfrentar es el sistema penitenciario. Lo que no significa que pueda evitarse o ser tratado con declaraciones que no se cumplen, como está ocurriendo en Colombia.Sin duda, el aumento de las medidas de seguridad, en el pie de fuerza y en la capacidad operativa de las autoridades militares y de policía han traído mucha más tranquilidad a los colombianos. Pero también es innegable que con ello se ha generado un cuello de botella de proporciones preocupantes en el tratamiento a quienes son capturados, acusados o condenados en razón a esa capacidad creciente del Estado para perseguir el delito.Además de reflejarse en las limitaciones de los órganos judiciales para atender la demanda de Fiscales y Jueces que esa ampliación requiere, el impacto se está produciendo en las cárceles. Con una población que equivale al doble de su capacidad para alojar a los acusados y condenados, la situación del sistema carcelario en Colombia se está convirtiendo en uno de los más graves problemas sociales a resolver. Cali es un ejemplo patético de esa crisis: con una capacidad para recibir 1.700 internos, la cárcel de Villahermosa tiene hoy una población de 5.380 personas. Es decir, un hacinamiento del 350%. Para su manejo sólo hay 200 guardianes, lo que equivale a uno por cada 27 presos. De otra parte y según informes de entidades encargadas de vigilar el respeto a los Derechos Humanos, las edificaciones que conforman la cárcel presentan serios problemas estructurales. Se puede decir entonces que en Villahermosa no hay condiciones sanitarias o logísticas que garanticen siquiera un espacio decente para dormir o realizar las labores propias de la resocialización de quienes han cometido delitos y deben ser devueltos a la libertad una vez paguen sus condenas. Porque, además de respetar la integridad como seres humanos de los detenidos, el sistema penitenciario debe asegurar que quienes han cometido una falla no regresen a las calles a reincidir en sus conductas antisociales.La señora Ministra de Justicia ha presentado ante el Congreso un proyecto de código penitenciario que reemplace al vigente, expedido mediante la ley 65 de 1993. La propuesta es un catálogo de buenas intenciones que entre otras cosas pretende obligar a los municipios y departamentos a destinar recursos para alojar y atender a quienes son acusados y aún no han sido condenados por la justicia, lo que equivale al 50% o más de los 40.000 presos que hay en Colombia. Pero no parece ser suficiente para resolver la crisis logística y humanitaria que crece ante el hacinamiento en las cárceles y la falta de decisiones para enfrentar el problema desde su raíz.El asunto es demasiado grave como para tratarlo a la ligera. Y no se arregla con paños de agua tibia como trasladar obligaciones a municipios y departamentos que no podrán pagar. Es que las cárceles de Colombia son dramas humanitarios y problemas de seguridad a punto de explotar que el Estado no puede seguir manejando con rapidez.

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