La sociedad del miedo

La sociedad del miedo

Diciembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Es decir, a diario se arman verdaderos ejércitos con facilidad asombrosa. Se calcula que unos 32 mil muertos anuales entre asesinatos, suicidios y accidentes caseros por armas de fuego de todos los calibres, son el resultado de ese negocio. Qué duda cabe: Estados Unidos es una sociedad cada vez más armada y, en la misma proporción, más llena de miedo.

Las agencias de seguridad de los Estados Unidos siguen escarbando en las vidas de Syed Farook y Tashfeen Malik, la pareja que masacró a 14 civiles el miércoles pasado en San Bernardino, California y luego cayó abatida por la policía. Más allá de lo que aún estén por encontrar, se confirma que fue un acto terrorista. Como cada vez parece más claro que los asesinos actuaron de manera aislada. La alocución de Barack Obama evidencia la preocupación al más alto nivel por esta nueva amenaza que se cierne sobre la seguridad de la nación americana. El Presidente busca tranquilizar a sus ciudadanos en un momento crucial. Sin embargo, tras los sucesos en California, la pregunta es si los Estados Unidos tienen conciencia de dónde está lo urgente y dónde lo importante. Tras la masacre de San Bernardino, apenas uno de los 355 tiroteos masivos que han sacudido a sus gentes durante los últimos doce meses, casi uno diario, hay que preguntar cuál es el verdadero enemigo. Y buscarlo en un medio en el que se venden unos 16 millones de nuevas armas cada año, promedio 44.889 al día. Es decir, a diario se arman verdaderos ejércitos con facilidad asombrosa. Se calcula que unos 32 mil muertos anuales entre asesinatos, suicidios y accidentes caseros por armas de fuego de todos los calibres, son el resultado de ese negocio. Qué duda cabe: Estados Unidos es una sociedad cada vez más armada y, en la misma proporción, más llena de miedo.¿Cómo entenderlo? Las razones se entrecruzan hasta producir un panorama desalentador: los Estados Unidos están maniatados para frenar la venta de armas indiscriminada y con mínimos impedimentos. Desde la Segunda Enmienda de la Constitución en los tiempos de Thomas Jefferson, hasta el derecho a cazar, pasando por absurdas restricciones que le impiden a entidades oficiales dar a conocer con exactitud el número de fallecidos por disparos de armas de fuego, hacen muy compleja la posibilidad de que prospere cualquier iniciativa gubernamental anti armamentista, tanto en los supermercados como en los hogares.Pero cualquiera de esas razones resulta ser poca cosa al lado de los tentáculos de la Asociación Nacional del Rifle, un engendro que hace el lobby necesario en el Congreso para que una industria de 13 mil millones de dólares al año impida cualquier reforma que pretenda un riguroso control a la venta de armas. Y realice shows publicitarios donde los niños aprenden a manejar los instrumentos más letales, como si fueran juguetes. Igual de peligroso es la fascinación por el uso de ellas. Siete de cada diez consultados por Gallup dice haber disparado una vez, y uno de cada dos reconoce tener algo en casa con armas. Pero lo más preocupante es que una vez Barack Obama llegó a la presidencia con el desarme como una de sus banderas, las armas se han hecho más codiciadas. La razón: la de Estados Unidos es una sociedad atemorizada y con armas a la mano, mata del miedo. Por eso es hora de que, como bien lo dicen los editoriales de primera página en el New York Times y de la revista Time, es necesario que termine “la epidemia de armas”.

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