La sed de Buenaventura

La sed de Buenaventura

Febrero 24, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La paradoja es que una población rodeada por una veintena de ríos y que está entre los 10 lugares del mundo donde más llueve al año padezca de sed. Lo infame es que la ciudadanía lleve 50 años protestando por la falta de agua y no se hayan dado las soluciones definitivas que debería tener el municipio más importante sobre el Pacífico colombiano.

Esa es la triste historia de Buenaventura y su sed. Desde hace tres días sus habitantes se encuentran en la calle reclamando porque de nuevo se quedaron sin el servicio de acueducto o en el menos grave de los casos les llega por un par de horas al día. Igual sucedió en octubre del año anterior, con la diferencia de que en ese momento la excusa fue la turbiedad del río Escalarete por la cantidad de lluvias que estaban cayendo, y hoy es porque el río está seco debido al verano.

Ayer se decretaron la alerta naranja y el estado de calamidad pública para poner en marcha un plan de contingencia, que seguramente consistirá en el envío de más carrotanques para abastecer de agua sobre todo a los sectores más afectados. En medio de esa emergencia, la esperanza es que se termine la nueva planta de tratamiento que se construye en el sector de Venecia y concluyan las obras que desde hace 15 años se adelantan en la del río Escalerete, afectadas por la corrupción y el incumplimiento.

Pero tantas veces les han dicho lo mismo y han escuchado tantas promesas, que ahora los bonaverenses solo creen si ven hechos cumplidos. Es que la escasez del agua potable para ese municipio vallecaucano parece una historia sin fin. Desde mediados del siglo pasado la ciudadanía está exigiendo que se hagan los acueductos necesarios para su abastecimiento, en 1998 se hizo una de las mayores manifestaciones para protestar por lo mismo y hoy todo se repite.

¿Lo peor? Que se han tenido en la mano los recursos económicos para construir los acueductos y estos han terminado en los bolsillos de los contratistas ineficientes, o en poder de la corrupción. Ese es el cáncer que ha impedido que Buenaventura tenga el progreso que se merece como la principal ciudad portuaria de Colombia y ha llevado a que hoy el municipio tenga los niveles más altos de pobreza y no les dé oportunidad a sus habitantes de salir adelante y tener una calidad de vida decente.

Si no es por el robo descarado y tolerado, cómo se explica que en los últimos 15 años se le hayan asignado cerca de $150.000 millones para construir la planta de tratamiento del río Escalerete y hacer las adecuaciones necesarias, y hoy la ciudad siga padeciendo de sed.
Mientras tanto Hidropacífico, empresa que opera el acueducto desde el 2002 parece mirar desde la barrera sin que se le rescinda el contrato por los incumplimientos ni se tome la decisión de qué hacer con él.

Mientras el municipio de Buenaventura siga infectado por el clientelismo rampante y los malos manejos, y la Nación persista en manejar los asuntos que le competen a ese municipio desde la altura de Bogotá, desconociendo cuál es la necesidad, no habrá plata que alcance para nada. Y la sed será eterna para sus 450.000 habitantes.

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