La riqueza que se agota

Agosto 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El orgullo de ser el segundo país con la mayor variedad de especies y ecosistemas de la Tierra así como por albergar el 10% de la fauna y la flora mundial, queda en entredicho cuando se incluye a Colombia en la lista de las 40 naciones que menos invierten en su biodiversidad".

La deuda de Colombia con la protección de sus recursos naturales y la conservación de su biodiversidad está pasando una costosa factura: el deterioro ambiental ya lo siente la población, mientras es evidente la ineficiencia histórica de las políticas para su preservación. Ahora se anuncia una nueva estrategia para minimizar los daños y alcanzar las metas que se le prometieron a la comunidad internacional antes del año 2020. Ojalá no termine siendo sólo retórica. El orgullo de ser el segundo país con la mayor variedad de especies y ecosistemas de la Tierra así como por albergar el 10% de la fauna y la flora mundial, queda en entredicho cuando se incluye a Colombia en la lista de las 40 naciones que menos invierten en su biodiversidad. Esa riqueza que lo diferencia del resto del planeta y que debería convertirlo en potencia orbital, está agotándose, con las consecuencias que conlleva para los colombianos y para el resto de la humanidad.El deterioro se ilustra en algunos ejemplos, como el deshielo de sus nevados. El país ha visto cómo en un siglo se pasó de tener 17 montañas coronadas con glaciares a solo seis cada vez más imperceptibles y que desaparecerán por completo en 20 años. Con ellos morirán nacimientos de agua y especies que sólo habitan en sus frías temperaturas. ¿Culpa solo del cambio climático que ha calentado la Tierra o ausencia de medidas que permitieran protegerlos?Sin ir más lejos, Cali sufre hoy por la contaminación del río Cauca, del que se abastece de agua al 70% de su población. Con las causas diagnosticadas, las soluciones definidas y tasado el presupuesto para su recuperación, han pasado tres años desde que se firmó el documento Conpes para entregar los recursos y sigue siendo letra muerta. Así como la capital del Valle sufre con más frecuencia los cortes en el servicio de acueducto por los males del Cauca, hay 200 municipios colombianos que no tienen agua potable por el deterioro de sus fuentes naturales, lo que no deja de ser ilógico en una nación que se precia de ser una de las reservas del planeta. Se podrían sumar también las miles de hectáreas de bosques talados, la nefasta consecuencia de la minería ilegal y sin el debido control, el desperdicio de riquezas que brindan sus dos mares y una lista larga de tristezas. Frente a ellas y a las críticas de la comunidad internacional, que a propósito mira la paja en el ojo ajeno pero poco la viga en el propio, de nuevo el Gobierno reacciona con propuestas de cambiar la dirección del Plan Nacional de Biodiversidad.Ahora se dan más herramientas y recursos para aumentar el número de áreas protegidas, reparar ecosistemas, investigar más para ver cómo se adaptan Colombia y sus riquezas naturales al cambio climático, o cómo se hace en verdad un desarrollo sostenido que además ayude a paliar la pobreza. Anuncios como el de ampliar de 1,2 millones a 3 millones de hectáreas el área de la Reserva Natural de Chiribiquete en el Amazonas, brindan esperanzas, pero el trabajo requiere más que ganas y mucho más que palabras a las que al final se las lleva el viento.

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