La riqueza del Valle

La riqueza del Valle

Abril 20, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

El compromiso del Valle con la conservación de sus recursos naturales es ineludible porque en ellos se encuentra el patrimonio de la comarca así como el futuro de su población. La responsabilidad es del Estado tanto como de quienes habitan en sus tierras generosas.

Cada hectárea que se le arrebata a la deforestación, cada montaña o río salvado de las zarpas de la minería ilegal, cada espacio natural que se le cierra a la voracidad y la depredación garantiza la vida y el abastecimiento del departamento para los años venideros. En ese sentido van decisiones como las que tomó recientemente el Ministerio del Medio Ambiente de ampliar la delimitación de varias Reservas Forestales Nacionales del suroccidente vallecaucano.

La noticia positiva no son sólo las 7000 hectáreas de La Elvira o las 1000 del Cerro Dapa Carisucio que por medio de dos resoluciones expedidas a finales de marzo por la cartera ambiental quedaron definidas con precisión. Lo más importante es que con ellas se conforma un corredor ecológico único que abarca la Cordillera Occidental desde Jamundí hasta La Cumbre, pasando por el Parque Nacional Farallones, las laderas de Cali y la zona montañosa de Yumbo.

Que se hiciera con rigurosidad esa demarcación fue una solicitud formulada por años a las autoridades debido al deterioro evidente que ese corredor ambiental estaba sufriendo y a las consecuencias desastrosas para sus recursos naturales. No hay que ahondar mucho en el daño causado a las cuencas de los siete ríos caleños o a todos aquellos que abastecen a las poblaciones vecinas, diagnósticos que están suficientemente sustentados, para entender la urgencia de tomar decisiones.

Las fuentes de agua que alimentan esos ríos no son las únicas afectadas; la fauna ha visto cómo se reducen sus hábitats o se cortan de manera abrupta sus rutas de desplazamiento, mientras tanto son cada vez más grandes los parches que se observan en medio del paisaje boscoso característico de la cordillera. Todo ellos es lo que se espera preservar y, más importante aún, restaurar como resultado de las delimitaciones establecidas.

Hay que reconocer la perseverancia de la Gobernación del Valle, del Consejo Departamental de Ambiente y Gestión Integral del Recurso Hídrico, Codeparh, de la CVC, de las Alcaldías y de la misma comunidad para que el Ministerio del Medio Ambiente decretara la ampliación de las reservas forestales. Ahora ello no se puede quedar sólo en el papel.

De las autoridades así como de la defensa que hagan los vallecaucanos dependerá que se cumplan las disposiciones y no terminen los infractores, como ha sucedido con frecuencia, pasando por encima de la normatividad sin que nadie detenga sus acciones ambiciosas. Los municipios, en conjunto con las comunidades que habitan en las zonas protegidas, deberán ser los garantes de la conservación de ese gran corredor ecológico que se ha restablecido.

Si se quiere pensar en un Valle verde, sano y rico ambientalmente, es necesario que al fin los vallecaucanos aprendan a convivir en armonía y equilibrio con la naturaleza que los rodea.

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