La reforma que no llega

Junio 04, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"En un momento crucial para la salud ambiental de Colombia y el efecto que ella tiene para el resto del Planeta, nada justifica darle más largas a los ajustes que requieren las Corporaciones Autónomas para que cumplan con su deber, enfrenten los retos que conlleva el cuidado de los recursos naturales, alejen los factores que las desestabilizan como la corrupción o la politiquería y se les devuelva la credibilidad".

Cinco años después de anunciarse la reforma a las Corporaciones Autónomas Regionales, CAR, nada ha pasado. Las malas prácticas del clientelismo se mantienen mientras es evidente su ineficiencia para proteger el medio ambiente.Un nuevo informe de la Contraloría General de la República da cuenta de cómo las CAR fracasan en el cumplimiento de sus funciones. En la mayoría de ellas se detectaron irregularidades en la expedición de licencias ambientales así como en su seguimiento. De igual forma fue mínima su labor de control, no aplicaron las sanciones a los infractores y manejaron a su discreción las tarifas que deben cobrar, no obstante que ellas se establecen por decreto.Es la historia que se repite desde que la Ley 99 de 1973 creó las Corporaciones Autónomas en cada departamento, les cambió a las entidades que existían hasta entonces su misión y sus funciones, a la vez que limitó su jurisdicción a las fronteras de sus departamentos. Fue la fragmentación a la que se vio sometida la CVC, pionera en el país, que pasó de tener bajo su cuidado toda la cuenca hidrográfica de la parte alta del río Cauca, desde su nacimiento hasta La Virginia, en Caldas, a proteger sólo los recursos del Valle.Además de ese fraccionamiento, las corporaciones terminaron siendo poco vigiladas, con unos estatutos que abrieron las puertas para la manipulación y se convirtieron en las troneras por las que se filtraron el clientelismo y la corrupción. Mientras tanto, en la mayoría de departamentos el cuidado del medio ambiente quedó al garete, la minería ilegal creció en proporciones absurdas sin el doliente comprometido a protegerlo de la depredación, sobre todo de la de aquellos vivos que se han aprovechado de las debilidades de las CAR o que se han aprovechado de ellas.Las Corporaciones Autónomas Regionales son así la gran frustración para un país como Colombia, que se encuentra entre los más ricos del Planeta en ecosistemas y recursos naturales. La gran paradoja es que su legislación se reconoce como una de las más avanzadas del mundo pero a la vez es uno de los más descuidados en la conservación de su medio ambiente. Pese a la desconfianza que generan ello no quiere decir que se deba acabar con las CAR, pero sí que es inaplazable someterlas a las reformas que necesitan. En un momento crucial para la salud ambiental de Colombia y el efecto que ella tiene para el resto del Planeta, nada justifica darle más largas a los ajustes que requieren las Corporaciones para que cumplan con su deber, enfrenten los retos que conlleva el cuidado de los recursos naturales, alejen los factores que las desestabilizan como la corrupción o la politiquería y se les devuelva la credibilidad. De esa urgencia conocen la Nación y los gobiernos departamentales, que sin embargo se quedan callados cuando la Contraloría, o como lo hizo hace un par de meses la Corte Constitucional, evidencian las debilidades y fallas de las CAR. Un silencio que preocupa a los colombianos y lleva a preguntar qué más hace falta para tomar decisiones que garanticen el cumplimiento de su misión.

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