La reforma necesaria

La reforma necesaria

Octubre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El asunto es que ya no podemos hablar de la reforma deseada que sirva como orientadora del desarrollo, si no de algo más cercano a la urgencia que evite las graves consecuencias de no hacer nada para tratar de cerrar el descuadre en las finanzas públicas.

Hoy, el Ministro de Hacienda debe presentar ante el Congreso el proyecto de reforma tributaria que se ha anunciado durante varios meses. La oportunidad ya está dada; sin embargo, las circunstancias son muy distintas a las que originaron lo que se llamó la reforma estructural al sistema tributario. En efecto, de esta reforma empezó a hablarse hace más de dos años, cuando Colombia atravesaba aún una de sus épocas más prósperas de las últimas décadas. Eran tiempos en los cuales la renta del petróleo llenaba las arcas públicas y la elevada carga tributaria sumada a la evasión demandaban cambios para hacer más competitiva nuestra economía.Así, hubo tiempo para que la comisión que el Gobierno conformó analizara todos los aspectos de nuestro sistema tributario, sin los afanes que durante los últimos veinte años han causado apretones. Fue entonces cuando se pudo reconocer que las tasas impositivas para las empresas eran de las más altas del mundo, y que era posible cambiar esa estructura para satisfacer las demandas que salían desde el sector privado.Y se habló también de los graves problemas que padecen el régimen de gravámenes y su administración. Desde esa perspectiva empezaron a plantearse modificaciones que ofrecieran mejores condiciones para promover la empresa privada como motor de la economía, generador de crecimiento y por lo tanto de ingresos fiscales. También se planteó la decisión de combatir la evasión y de modernizar los mecanismos de la Dirección de Impuestos y Aduanas, Dian, para combatir los huecos por los cuales se escapa al menos la mitad de los recursos provenientes del Impuesto al Valor Agregado, IVA, y una proporción similar del impuesto sobre la renta. Todo iba bien, hasta que la caída de los rendimientos petroleros ocasionó el crecimiento del déficit fiscal y la alerta de las calificadoras de riesgo que reclaman acciones urgentes. Es que ya llegamos al límite de la regla fiscal que no permite superar el 3,8% del PIB en el déficit y el Gobierno recurrido al endeudamiento de US$5.000 millones en un año, para financiar el Gasto, además de realizar recortes de importancia.Esa urgencia es la que lleva a presentar hoy la reforma, una vez superado el trance del plebiscito del pasado 2 de octubre. Aunque sólo hoy se debe conocer su contenido, es posible prever que ya cambió casi todo. El asunto es que ya no podemos hablar de la reforma deseada que sirva como orientadora del desarrollo, si no de algo más cercano a la urgencia que evite las graves consecuencias de no hacer nada para tratar de cerrar el descuadre en las finanzas públicas. Es decir, estamos en la reforma obligada que deberá tramitarse en dos meses para impedir males mayores. En otros términos, ya no hay tiempo de usar la política tributaria como herramienta para fomentar el desarrollo empresarial sino para atender una inminente crisis fiscal. Así, habrá que subir el IVA o recalcular los impuestos a las rentas de capital y de trabajo, lo que de por sí traerá críticas de todos lados, aumentando los riesgos de la evasión. Esa es la reforma necesaria.

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