La Reforma inevitable

Agosto 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

En ese sentido, y aceptando que las reformas adoptadas hace poco ofrecen mayores posibilidades para reducir la intermediación entre el Estado y los hospitales, y mecanismos más transparentes para manejar la información y vigilar a los actores del sistema, se tiene que aceptar que una reforma integral que adapte el Sistema a la realidad colombiana es impostergable. Y empieza porque el país sepa hasta dónde puede llegar en materia de recursos para la salud.

Cinco años lleva la crisis del sistema de Salud en Colombia, y las soluciones aún son distantes. Esa realidad, que golpea con crudeza la red hospitalaria pública y a sus usuarios, además de amenazar con el colapso de varias EPS, es la que está reclamando decisiones que eviten lo que parece ser un desastre a mediano plazo. Para enfrentar el problema hay que empezar por reconocer que el Sistema es uno de los mejores de América y del Mundo. Gracias a él, más del 90% de los colombianos tienen acceso a los servicios médicos, cobertura que debe mostrarse como una conquista democrática y como una verdad que no puede desconocerse, a pesar de las dificultades que existen en la actualidad. Dicho eso, hay que aceptar que, como lo reconoce el Ministro de Salud en entrevista que se publica en la presente edición de El País, lo que existe es un déficit producido por la falta de recursos del Estado, y aumentado por la confusión como se ha venido manejando, en la cual se han perdido mucho tiempo, dinero y esfuerzos. Por supuesto, el comportamiento de algunas EPS, en las cuales ha existido corrupción y malos manejos, ha contribuido a generar lo que el doctor Alejandro Gaviria denomina como “la pérdida de credibilidad ante los ojos de la gente”.También es cierto que en los últimos años el Gobierno ha venido actuando para corregir el funcionamiento del sistema, y en la medida de las posibilidades le ha inyectado recursos financieros importantes. Pero lo que está sucediendo, cuando no hay semana en la que se anuncie el cierre de un hospital en cualquier parte del país, da a entender que se deben tomar decisiones de mayor calado. Es decir, los síntomas son alarmantes, sobre todo, cuando los cambios en la economía del país empezaron a reducir aún más la capacidad financiera del Estado para apagar los incendios que se prenden en el sistema de salud. Por eso, es hora de reconocer las limitaciones para enfrentar lo que puede convertirse en una debacle si no se actúa a tiempo. En ese sentido, y aceptando que las reformas adoptadas hace poco ofrecen mayores posibilidades para reducir la intermediación entre el Estado y los hospitales, y mecanismos más transparentes para manejar la información y vigilar a los actores del sistema, se tiene que aceptar que una reforma integral que adapte el Sistema a la realidad colombiana es impostergable. Y empieza porque el país sepa hasta dónde puede llegar en materia de recursos para la salud.Sin duda, es ideal llegar al 100% de cubrimiento y sin límites en cuestión tratamientos o de enfermedades. Pero también es claro que la falta de financiación puede dejar ese ideal en el papel, causando frustración y obligando a apelar a la tutela y los jueces, que no son la fórmula mágica y sí aumentan las dificultades para los pacientes y para el Sistema de Salud. Por eso se necesita encontrar la verdad y hablar con claridad a los colombianos. Como se dice en el argot popular, el asunto de la salud en Colombia ya no es de poner paños de agua tibia sino de realizar la cirugía que se requiere para impedir lo que puede ser una crisis de características sociales y políticas con dimensiones impensables.

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