La quiebra del Departamento

Septiembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

el Valle debe dedicarse a pagar despropósitos como las exageradas cuentas de celulares sin límites y de publicidad dedicada a ensalzar al destituido gobernador

Lo que estaba anunciado ocurrió: a causa del descontrol en el gasto generado por el clientelismo desbordado que lo convirtió en agencia electoral, y debido a la corrupción rampante que le quita sus recursos, el departamento del Valle perdió su categoría especial. Por lo cual deberá aplicar medidas de choque para arreglar sus finanzas.Hace dos años, el destituido gobernador Juan Carlos Abadía presentó a la Asamblea Departamental una reestructuración administrativa que fue aclamada por los Honorables Diputados en rápidas sesiones. Con ella se crearon 10 secretarías de despacho y se hinchó la nómina, lo que generó la alerta sobre lo que podía suceder. Así mismo, el presupuesto del ente territorial empezó a experimentar crecimientos inusitados en el cálculo de sus ingresos, lo que implicaba el correspondiente aumento de los gastos.Pero las advertencias cayeron al vacío, y tanto el gobierno como la Duma departamental, supuesta junta directiva de una entidad que debe responderle a los vallecaucanos, hicieron oídos sordos. Por el contrario, continuaron el desafuero en el gasto y la nefasta práctica de inflar el presupuesto. Ni siquiera los detuvo el hecho de que el Departamento estuviera atado a un convenio de desempeño, especie de concordato que lo obligaba a la más estricta disciplina fiscal. Y por si fuera poco, el invento de las vigencias futuras que implicaría endeudar al Valle por $650.000 millones más fue un aliciente eficaz a la feria del despilfarro.Tampoco sirvió que la Contraloría alertara sobre el absurdo cálculo de las rentas departamentales en el 2009. Y sólo el 30 de diciembre, la Administración Departamental redujo en $190.000 millones el presupuesto, cuando el daño estaba causado. En el 2010 se hizo lo mismo, generando un desbalance de $45.000 millones. Las consecuencias fueron fatales: hoy, el Valle tiene una nómina paralela que no cumple con la carrera administrativa, equivalente al 59% de los funcionarios de planta, gastando el 61.5% en funcionamiento. Y mientras sus ingresos crecen en el 4% sus egresos lo hacen en el 14%. ¿Qué pasó? Que los gobernantes desconocieron sus obligaciones, y quienes debían ejercer el control político de sus actuaciones administrativas se desentendieron de sus deberes como vigilantes del patrimonio público. Por eso, hoy no se sabe cuáles son las cuentas reales, porque no hay siquiera un sistema contable que merezca credibilidad. Y el Valle debe dedicarse a pagar despropósitos como las exageradas cuentas de celulares sin límites y de publicidad dedicada a ensalzar al destituido gobernador, en vez de atender temas tan delicados como la carga pensional o los servicios a su cargo.La pérdida de categoría significa que el Valle está en quiebra. Eso lo sabían el gobernador Abadía y su secretario de Hacienda, Ezequiel Lenis. Y lo conocía la Asamblea Departamental, que debe aprobar los presupuestos basada en estudios serios. Ahora, las consecuencias se sentirán en la reducción de los ingresos provenientes de la Nación y en la pérdida de la autonomía, además de tener que aplicar un plan de ajuste draconiano. Es tiempo entonces de que le respondan a los vallecaucanos por el daño que le causaron al que fuera el primer departamento de Colombia.

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