La protesta social

La protesta social

Marzo 25, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

En los planes de los miembros del Congreso y del Presidente de Estados Unidos nunca estuvo que la última masacre de estudiantes en Florida se iba a convertir en una rebeldía de miles de jóvenes que marchan en las principales ciudades del país exigiendo control a las armas. Es la reacción contra un enemigo peligroso y hasta ahora protegido.

El centro de la protesta es Washington, donde se toman las decisiones. Miles de jóveses, acompañados de sus padres y abuelos, reclaman restricciones a las armas en el país con más pistolas y rifles por habitantes del mundo. Estados Unidos tiene menos del 5% de la población mundial, pero tiene más del 40% de las armas de uso civil del Planeta.

Los mensajes son tan simbólicos como arrolladores. Mientras tanto, los congresistas, en su gran mayoría, no se comprometen porque le tienen pavor a la Asociación Nacional del Rifle que los amenaza con dejarlos sin recursos para sus campañas y sin votos por la presión pública que ejercen. Basta saber que esta asociación, que reúne a más de cinco millones de miembros, invirtió 30 millones de dólares en la campaña del actual presidente.

Por esto Trump se hace el desentendido y dice que el lío es de algunos enfermos mentales y no es de las armas. Pero lo que realmente están demostrando estas gigantescas marchas es una confrontación entre el Estado y sus ciudadanos, que ni las Cortes de justicia quieren resolver.

El punto crucial es que nadie se atreve a tocar la Segunda Enmienda de la Constitución, redactada cuando Estados Unidos era un país en formación, con grandes extensiones de terrenos a los que la autoridad no llegaba y debía delegar en los ciudadanos la seguridad. Por eso había que autorizarlos para portar cualquier tipo de armas.

Ese es el punto de apoyo de los miembros de la Asociación del Rifle. Porque ellos se consideran guardines de las libertades constitucionales y conectan con ese estadounidense blanco, rural, que ve a los extraños como potenciales enemigos.

Pero ahora, con la presión de la industria armamentista, una de las más poderosas, eso se ha convertido en la peor amenaza para la gente. Por eso miles salen las calles a exigir reformas, sin que los congresistas y menos el Presidente presten mucha atención por ahora.

No es la primera vez que la sociedad en Estados Unidos inicia batallas civiles que poco a poco ganan terreno. Lo mismo sucedió con la guerra de Vietnam, que sacrificó la vida de miles hasta que la protesta social se hizo sentir y consiguió sacar a la juventud de una guerra odiada. Igual pasó con la ley de derechos civiles para acabar la segregación. Todavía se recuerda la gran movilización del doctor Martin Luther King en Washington donde pronunció uno de los más grandes discursos de la democracia: I Have a Dream.

Esa es la manera en que actúa la sociedad civil en Estados Unidos. La juventud quiere el desarme y se ha desatado una movilización popular que será irrefrenable. Y la democracia en su estricto sentido deberá triunfar para derrotar el inmovilismo que ha permitido el establecimiento de un terrorismo legalizado con la enmienda constitucional número dos.

VER COMENTARIOS
Columnistas