La pregunta del Reino Unido

Junio 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La Unión Europea sabe que deba andar con cuidado. Y lo está haciendo. La respuesta de la canciller alemana Ángela Merkel a Cameron, en el encuentro de Berlín dejó en claro que “No se pueden descartar cambios en el tratado si es necesario hacerlo”, pero también enfatizó en que es “necesario hablar sobre el contenido y la sustancia”.

“¿Debería Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea?”. Esa pregunta, que planteó David Cameron en su aspiración para continuar como Primer Ministro de Gran Bretaña, será referendo en 2017, cuando los británicos decidan si se quedan en un club que no ha sido de su gusto, pero que ven como parte de su destino.No faltan razones para que Cameron haya considerado plantear a sus conciudadanos esa opción. A simple vista, la crisis de la región ha puesto en duda el carácter aglutinador de la Unión Europea. Para la muestra, una asignatura pendiente: Grecia, hoy contra las cuerdas y sin aparentes salidas. La carta del adiós de Cameron va en serio, aunque no deja de ser una forma de presión. La única posibilidad de que eche pie atrás es que se dé una profunda reforma al modelo de integración política y fiscal de la UE. Eso obligaría a revisar tratados, uno de ellos, el de Lisboa, que equiparó el Consejo de Ministros a las competencias del Parlamento Europeo.Alcanzar esos cambios en pocos meses es un imposible. No es factible intentar tachar de un plumazo la voluntad popular, menos en una sociedad como la europea. Y si se pretendiera una revisión a alto nivel de esos acuerdos, la discusión y el trámite tardarían años.Cameron lo sabe. Como sabe que esas no son sus únicas razones para poner a la UE a buscarle soluciones, consciente de que la salida del Reino Unido sería un golpe muy grave. Y es que si la partida de Grecia sería poco menos que una tragedia, ¿cómo calificar la salida de un gigante, que lidera ese otro mundo que, por encima de los bloques actuales, sigue siendo la Commonwealth?Tras la convocatoria al referendo hay dos cosas. Una, como dice Carles Casajuana, el empeño de sectores políticos de que Reino Unido tenga el peso de Alemania o Francia en la Unión, o el de Estados Unidos y Rusia en el mundo. Y lo segundo es que a los británicos no les gusta el euro, ni el tratado Schengen, ni ceder soberanía, ni una mayor integración con sus socios. Lo otro que les disgusta a quienes impulsan el referendo son algunas de las reglas de la Unión Europea. Una de ellas, las que rigen para la inmigración de los intracomunitarios, a los que se les exigirían cuatro años de mínima permanencia para aspirar a prestaciones y subsidios del Estado, a la vez que expulsarían a quienes después de seis meses no hayan conseguido empleo. Esa excepcionalidad que pretenden algunos en el Reino Unido no termina ahí. Se busca también que la Cámara de los Comunes dé la última bendición a las leyes de la UE. La UE sabe que deba andar con cuidado. Y lo está haciendo. La respuesta de la canciller alemana Ángela Merkel a Cameron, en el encuentro de Berlín dejó en claro que “No se pueden descartar cambios en el tratado si es necesario hacerlo”, pero también enfatizó en que es “necesario hablar sobre el contenido y la sustancia”.La sustancia no es otra que un auténtico espíritu comunitario, ese que ha hecho de la Unión Europea un ejemplo al mundo, por encima de defectos, errores y crisis.

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