La pesadilla de México

Mayo 22, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Como una “situación de desastre” calificó la Iglesia Católica de México la violencia que vive su país. “Generaciones perdidas producto de una guerra no declarada y un Estado que parece más bien quebrado ante el miedo y el terror”, es el diagnóstico que hace la Arquidiócesis Primada de México.

El asesinato de Javier Valdez, uno de los periodistas que mejor relató la violencia del narcotráfico en el estado de Sinaloa, se produjo en uno de los meses más violentos en los últimos años. Valdez fue el sexto periodista asesinado en lo que va de este año. En el 2016 fueron once y desde el año 2000 la cifra llega a cien casos atribuidos a venganzas del narcotráfico.

Un estudio del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos 2017 ubicó a México como el segundo país más violento del mundo, solo superado por Siria. Según esta investigación, el año pasado ocurrieron en México 26.000 muertes que se pueden atribuir a circunstancias de hiperviolencia, como si el país se encontrara en una situación de guerra.

Este año se perfila como el más violento en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, quien salpicado por escándalos de corrupción no ha podido cumplir con su principal promesa de campaña, es decir, recuperar la tranquilidad del pueblo mexicano.

La batalla contra el narcotráfico que se inició hace once años está lejos de ser eficaz y ha costado la vida de más de cien mil personas, mientras otras 30.000 se encuentran desaparecidas.

La capacidad asesina y el poder corruptor del narcotráfico, que ya han padecido en carne propia Colombia, El Salvador, Guatemala y Honduras, ha debilitado de tal forma las instituciones mexicanas que muy pocos creen en que esa guerra se esté ganando.

Y en muchos casos la connivencia de miembros de la Policía y el Ejército con los grandes carteles provocan una sensación de desamparo ante el crimen organizado. Según una encuesta publicada por del periódico Milenio, el 36% de los consultados considera que el narcotráfico hace más obras que el gobierno y el 35% cree que las organizaciones mafiosas generan empleos en el país.

A este escenario se suma la debilidad del poder judicial, en un país donde la corrupción es el segundo mayor problema. La poca confianza sobre sus autoridades se magnifica con casos como la detención en Italia de Tomas Yarrington, exgobernador de Tamaulipas, quien por cinco años evadió a las autoridades de su país. Este fue el último episodio de al menos 17 gobernadores que están fugados, encarcelados o investigados por alianzas con el narcotráfico o por corrupción.

Aunque no se debe llegar a los extremos de anunciar el fracaso institucional, tampoco es fácil el escenario para México, cuando el consumo de drogas aumenta en los Estados Unidos y su presidente sólo tiene en mente la construcción de un muro y la reforma del tratado de Libre Comercio firmado entre ellos y Canadá.

Y mientras la violencia prosigue, los mexicanos se alistan para un cambio de gobierno con la esperanza de que el nuevo Presidente pueda acabar con los carteles y dar fin a esta pesadilla de violencia, sangre y decadencia del Estado.

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