La pelea es en serio

La pelea es en serio

Junio 10, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La fotografía difundida por Ángela Merkel es la imagen que mejor simboliza la tensión vivida en la cumbre del G-7. Un Donald Trump con los brazos cruzados y la mirada desafiante, observa a la líder alemana que con sus manos sobre la mesa y rodeada de otros jefes de Estado, parece exigirle explicaciones.

Esta imagen puede ser el fiel reflejo de un encuentro que terminó con el portazo del presidente de Estados Unidos, quien ordenó retirarse del comunicado conjunto después de que lo había firmado. Este encuentro de las potencias occidentales reunidas en Canadá da a entender la incontenible fractura del otrora poderoso bloque.

Estados Unidos, que siempre fungió como el gran líder de este grupo y gran promotor de la globalización, llegó a Canadá dispuesto a pelear con sus socios. El retiro del acuerdo climático de París, el rompimiento del pacto nuclear con Irán y las tensiones comerciales presagiaban una tormentosa reunión, que comenzó mal y terminó peor.

Trump, que llegó tarde a la cita y fue el primero en marcharse, sorpresivamente propuso el regreso de Rusia al grupo, expulsado en el 2014 por su anexión de la Península de Crimea y su agresión a Ucrania. Pero más allá de este hecho, que confirmó que por un lado van los intereses europeos y por otro los de Trump, la Cumbre fracasó porque no cumplió el objetivo de disminuir las tensiones entre los países que conforman lo que alguna vez se denominó bloque occidental.

Esta vez la disculpa fue una declaración del primer ministro de Cannadá que el presidente de Estados Unidos consideró inadmisible. Trump acusó al Trudeau de deshonesto y débil por haber dado una rueda de prensa después de que se hubiera marchado en la que dijo que los aranceles de Estados Unidos son algo insultante y que no se dejará avasallar. “Nuestros aranceles son una respuesta a sus tasas del 270% sobre los lácteos”, respondió en Twitter.

Estas declaraciones fueron el colofón de una serie de manifestaciones previas que parecían más interesadas en satisfacer el nacionalismo y su afán por mostrarse como el líder de un país dividido que en buscar una salida a la crisis con sus aliados. “Estamos aquí por los aranceles. Ese es el punto número uno de la lista”. “Somos como la hucha a la que todo el mundo está robando”, fueron algunas de sus frases.

De tal manera que el mundo está notificado que Trump va en serio con su guerra comercial. Y para ello ha abierto tres frentes de combate simultáneos: uno con China, otro con la Unión Europea y el TLC con Canadá y México. En esta cumbre de Canadá, ha demostrado que su pelea contra los amigos es real.

Europa, ese antiguo aliado estratégico y político que tuvo Estados Unidos hoy es visto con recelo. Y aquella alianza que permitía hablar de Occidente, que sirvió para derrotar el nazismo y la amenaza la Unión Soviética, parece cosa del pasado. De otra parte, los vecinos México y Canadá son acusados de amenazar la seguridad de la potencia.

Donald Trump, como el bravucón del barrio, arrasó con el juego entre amigos y quiere uno nuevo bajo sus reglas. ¿Hasta dónde llegará el Presidente de Estados Unidos?

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