La paz es de todos

Octubre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El asunto no es pensar que quedaron vencedores y vencidos o posiciones irreconciliables, si no de lograr las soluciones que requiere el momento, uno de los más difíciles en la historia política de nuestro país. Y de construir el consenso indispensable para superar las diferencias y los problemas que causan inquietudes explicables.

Ayer se produjo la reunión del presidente Juan Manuel Santos con los representantes de los sectores políticos que lideraron el No en el plebiscito celebrado el pasado domingo. Hoy deben empezar las reuniones para hacer las aclaraciones requeridas sobre el acuerdo con las Farc y encontrar los puntos de concertación que lleven a interpretar la voluntad nacional. Ese es un resultado que ayuda a despejar la incertidumbre que produjo la negativa de la mayoría de los votantes al documento firmado con la guerrilla. No es aún momento para declarar que todo está solucionado. Pero sí da para pensar que es posible alcanzar el consenso nacional sobre un asunto en el cual no caben las divisiones partidistas ni las recriminaciones. Ya habrá tiempo para analizar los errores y aciertos del proceso electoral que culminó el pasado dos de octubre. Por lo pronto es bueno recordar que cuando iniciaron las conversaciones formales en Oslo, Noruega, tanto el Gobierno como las Farc se comprometieron a consultar a los colombianos la refrendación de lo que fuera acordado. Esa consulta se produjo, el resultado está a la vista y es obligatorio cumplir con la palabra empeñada. También hay que reconocer que los acercamientos del presidente Santos con los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, y con representantes de los movimientos que apoyaron la negativa, dejaron en claro que tanto los partidarios del No como los del Sí están buscando la paz. Y que esas reuniones realizadas donde deben ser, en la Sede del Gobierno, indicaron que existe la disposición para interpretar de la mejor manera posible el resultado de la consulta popular. Ese es el camino. Y tanto la comunidad internacional como las Farc deben reconocer que el diálogo que se inició ayer es producto de la democracia, de la libertad de los electores y de las preocupaciones que han acompañado a nuestra Nación. Eso debe destacarse también como parte del acuerdo que se alcanzó en La Habana, y significará abrir las posibilidades para aplicar los cambios que traduzcan el veredicto de las urnas y se logre el propósito en el cual está comprometida la tranquilidad de la Nación y no sólo de la guerrilla o de los gobernantes de turno. Sin soltar las campanas al vuelo, hay que afirmar que existen razones para el optimismo. Por supuesto, hay que esperar rectificaciones y cambios que interpreten el resultado del pasado domingo. El asunto no es pensar que quedaron vencedores y vencidos o posiciones irreconciliables, si no de lograr las soluciones que requiere el momento, uno de los más difíciles en la historia política de nuestro país. Y de construir el consenso indispensable para superar las diferencias y los problemas que causan inquietudes explicables.Al culminar la reunión, el presidente Santos declaró: “Estamos muy cerca de lograr la paz. Una paz estable, duradera y con un apoyo ciudadano más amplio.” Ese es el espíritu que debe mover hoy a quienes desde los distintos puntos de vista se comprometieron ayer en buscar una salida a las dificultades que ocasionó la consulta popular.

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