La otra basura

Noviembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La utopía es creer que el desarrollo tecnológico se puede frenar o que quienes manejan el negocio cederán su rentabilidad para reducir los niveles actuales de basura. Se necesitan políticas claras para el manejo y reciclaje de los escombros electrónicos en cada país y, sobre todo, medidas internacionales para hacer cumplir la Convención de Basilea, que regula la disposición final de estos residuos y prohíbe su comercio ilegal".

El desarrollo tecnológico de los últimos sesenta años ha transformado al mundo y le ha facilitado la vida a la humanidad. Pero su avance se está convirtiendo en un factor de riesgo para la salud del Planeta y de su población por cuenta de la basura electrónica que genera.¿Quién se pregunta a dónde van a parar los celulares obsoletos, los televisores viejos o los computadores caducos? ¿Alguien sabe cuántos kilos de esos desechos produce al año? Las cifras han crecido al ritmo de la tecnología: de 10 millones de toneladas de basura electrónica que se contabilizaban en el año 2000 se ha pasado a 50 millones de toneladas en el 2014, es decir que en promedio cada ser humano genera anualmente siete kilos de residuos tecnológicos.El problema no es sólo que las montañas de desperdicios crezcan. El riesgo está en que una parte importante de los materiales que se utilizan en la fabricación de estos aparatos son tóxicos o generan contaminación, como el mercurio, el plomo, el zinc y el cadmio, metales letales si no se manejan de forma adecuada o se liberan sin control. La solución para los expertos está en hacer un reciclaje apropiado de los desechos electrónicos, o en pedirles a los productores que hagan aparatos de más larga vida. La utopía es creer que el desarrollo tecnológico se puede frenar o que quienes manejan el negocio cederán su rentabilidad para reducir los niveles actuales de basura. Se necesitan políticas claras para el manejo y reciclaje de los escombros electrónicos en cada país y, sobre todo, medidas internacionales para hacer cumplir la Convención de Basilea, que regula la disposición final de estos residuos y prohíbe su comercio ilegal. Según datos de la Unión Europea entre el 66% y el 75% de los aparatos que se desechan en sus países terminan exportados de forma ilícita a naciones en desarrollo, especialmente de África y Asia, donde son desmantelados para extraer sus metales –de 50.000 celulares de puede sacar, por ejemplo, un kilogramo de oro o 10 kilos de plata- o vender las partes. Las autoridades de Europa aseguran que ese tráfico es hoy más lucrativo que el de las drogas. A Colombia debería preocuparle en especial el problema de las basuras electrónicas. A diferencia de las naciones industrializadas, son los países en desarrollo donde a corto plazo más desechos tecnológicos se producirán, sin que existan las políticas ni la infraestructura para su reciclaje. Sin embargo, no todo se les puede dejar a los Estados así como no se deben centrar las esperanzas en la buena voluntad de la industria para que cree aparatos que duren más. La responsabilidad recae también en los consumidores y en su conciencia sobre el daño ambiental y de salud que puede ocasionar cada kilogramo de desperdicios electrónicos que producen. ¿Se puede sobrevivir unos meses más sin adquirir el nuevo celular inteligente? ¿Es posible alargar un tiempo más la vida útil de ese televisor de súper alta definición? ¿Será más fácil actualizar el portátil antes de desecharlo? En la respuesta de cada usuario está una parte de la solución.

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