La novela de la corrupción

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Odebrecht, la repartición de once millones de dólares en sobornos y la captura de un ex viceministro de Infraestructura, son los ingredientes principales del escándalo del momento. Pero también son la continuidad de una novela monstruosa, cuyos capítulos son una afrenta inaceptable para la Nación.

Odebrecht, la repartición de once millones de dólares en sobornos y la captura de un ex viceministro de Infraestructura, son los ingredientes principales del escándalo del momento. Pero también son la continuidad de una novela monstruosa, cuyos capítulos son una afrenta inaceptable para la Nación.Es la historia de la corrupción que carcome los principios esenciales de la confianza pública y desvía hacia bolsillos particulares los recursos pagados por la sociedad para construir bienestar. Es la novela que demuestra cómo, la falta de principios éticos sumada a la ambición y el deseo de enriquecimiento fácil han contaminado el ejercicio de la política, afectado la administración pública y corroido valores tan elementales como la ética y la moral en el ejercicio de cualquier actividad. El escándalo del semestre anterior fue protagonizado por los sobrecostos en la construcción de la Refinería de Cartagena, Reficar. Calculados en cuatro mil millones de dólares, suma igual al presupuesto original, ese descalabro fue revelado en detalle por la Contraloría General de la Nación. Hasta ahora no hay responsables, y aunque se anuncian demandas a los contratistas causantes del despropósito, el desconcierto causado ha hecho mella innegable en la confianza pública. Así puede hacerse una larga lista de escándalos como el saqueo que ocurre con los recursos destinados a la salud y la educación en todas partes del país, presa manejada por la corrupción que está implícita en el clientelismo con el cual se alimenta el poder político en departamentos y municipios. O en la contratación de obras pública en todos los niveles del Estado, denunciada con constancia y valor por la Cámara Colombiana de Infraestructura, que demuestra con cifras el daño que se causa al patrimonio nacional y a la credibilidad del Estado y de los particulares. Ahora estamos concentrados en los sobornos de Odebrecht, descubiertos por los organismos judiciales del Brasil y de los Estados Unidos que investigan las prácticas de la constructora. Estamos en la etapa de las capturas y faltan capítulos como el resto de los implicados y el efecto que esa práctica ha tenido en tribunales de arbitramento y fallos judiciales que han multiplicado el valor de los contratos con esa firma. La verdad es que Colombia ya no puede seguir viviendo de escándalo en escándalo por la corrupción. Y ya no es posible seguir acostumbrando a sus ciudadanos a un rosario de descubrimientos que destruyen la fe pública, o a aceptar que el ejercicio de una actividad tan importante como la política se convierta en vehículo para apropiarse de los impuestos que pagan los ciudadanos o los que generan la explotación de los recursos nacionales que manejan las instituciones públicas.Por eso hay que decirle basta a la corrupción. Hay que rescatar la transparencia y la decencia como guías de la Nación. Y sin que se convierta en cacería de brujas, hay que exigir la investigación y castigo de los responsables de la depredación.Lo contrario, no hacer nada y esperar el próximo escándalo, es aceptar la decadencia y la inmoralidad como normas de conducta en nuestro país.

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