La monarquía comunista

Diciembre 21, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Kim Il Sung y sus descendientes son los últimos stalinistas de la historia. En consecuencia con esta ideología cerril, en Norcorea se estableció un insoportable culto a la personalidad que elevó a la familia del dictador al nivel de seres infalibles y clarividentes.

Corea del Norte nació como país en 1948, luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando la península coreana se dividió entre la extinta Unión Soviética y Estados Unidos, por la línea que marca el paralelo 38.Un oscuro dirigente comunista coreano, Kim Il Sung, que había luchado contra la invasión japonesa desde territorio soviético asumió la Presidencia de la nación dividida, contando con fuerte apoyo tanto soviético como chino. Desde entonces lanzó una guerra contra Corea del Sur, que terminó con un armisticio en 1953, creando una zona desmilitarizada en el paralelo 38. Pero los dirigentes norcoreanos nunca han dejado de persistir en absorber a su vecino.Kim Il Sung militarizó el país y planteo la idea del Juche, por el cual Corea del Norte sólo debe contar con sus propios recursos, lo que la ha convertido en el país más aislado y solitario del mundo. Este jerarca comunista nunca aceptó la revisión de la historia rusa que comenzó con el discurso de Mijail Gorbachov para conmemorar los 70 años de la Revolución de Octubre, y llamó “perros rusos” a quienes se atrevieron a derribar las estatuas de Stalin. Kim Il Sung y sus descendientes son los últimos stalinistas de la historia. En consecuencia con esta ideología cerril, en Norcorea se estableció un insoportable culto a la personalidad que elevó a la familia del dictador al nivel de seres infalibles y clarividentes. Tanto que el dictador designó a unos de sus hijos para sucederle en el poder. Éste, Kim Jog Il, hombre colérico con delirios de grandeza, profundizó los aspectos más odiosos del régimen de su padre, fortaleciendo aún más al Ejército hasta dotarlo de armamento nuclear y llevando el culto a la personalidad a extremos delirantes. Incluso varió su biografía para que su nacimiento coincidiera con una época de presagios celestiales favorables al pueblo norcoreano.Este tirano egocéntrico no sólo puso al mundo en vilo con la amenaza de utilizar sus armas de destrucción masiva contra los vecinos del Sur, sino que sumió a su país en una crisis económica profunda desde 1990. Los informes que llegan de la aislada Norcorea señalan que miles de personas han muerto por hambre y que todo escasea en los hogares. Regó de estatuas suyas el país, al lado de las de su padre y se hizo llamar “Querido Líder”, por un pueblo que sólo lo conoce a través de su iconografía.Acaba de fallecer, dejando a su país erizado de armas, arruinado y más aislado que nuca. Peor aún: a la manera de las decadentes monarquías medievales, designó al tercero de sus hijos, Kim Jong Un, como su sucesor a la cabeza del gobierno. Este joven obeso, conocido por poseer el mismo temperamento colérico de su padre, será la cabeza de una de pocas naciones del mundo que cuenta con armas atómicas y que tiene el quinto ejército más grande del mundo.Corea del Norte, ese anacronismo de la política y de la historia, se comporta como una monarquía absoluta y es la única parte del mundo donde aún se honra al carnicero José Stalin, se mantienen vigentes los campos de concentración y se amenaza al mundo con iniciar una guerra nuclear.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad