La lección del Caguán

Febrero 19, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Hoy estamos lejos de repetir el Caguán y los colombianos sabemos que negociar con las guerrillas será un imposible mientras sus jefes persistan en la violencia.

Hace diez años, el 22 de febrero del 2002, el presidente Andrés Pastrana anunció el final del despeje de la zona del Caguán que le había entregado a las Farc en el marco de un propósito en el cual lo acompañó la Nación. Hoy, y aunque está más remoto que nunca, ese objetivo de alcanzar la paz sigue rondando la mente de los colombianos. La zona de despeje de más de 40.000 kilómetros cuadrados había sido creada por el Gobierno el 14 de octubre de 1998, en desarrollo de los encuentros del entonces Presidente con el máximo jefe de la guerrilla más antigua del planeta. Además de ser una demostración de buena fe para lograr acercamientos y detener la confrontación, el despeje fue la más audaz forma de forzar unas negociaciones en las cuales se pudiera parar la violencia mediante la política.Eran momentos en que las Farc poseían un poder de destrucción inmenso, alimentado por el narcotráfico. Entre tanto, el Estado acusaba enormes problemas originados por la desmoralización de su Fuerza Pública y en el desgaste de cuatro años de un gobierno acusado de haber sido financiado por los grandes capos de las drogas ilícitas. Recuperar la moral de los militares mediante el fortalecimiento de sus instituciones y atender el anhelo de paz de la Nación, fue la tarea que emprendió el Gobierno de entonces.Prontamente, la respuesta de las Farc permitió anticipar lo que Colombia iba a recibir a cambio de su confianza. Desde la instalación de la zona, donde el presidente Pastrana se quedó solo en la tarima, porque alias ‘Tiro Fijo’ nunca llegó, hasta el último minuto del despeje, cuando la guerrilla secuestró un avión en forma abierta y trasladó a sus víctimas al Caguán, la historia del despeje estuvo llena de sangre inocente, de atentados, secuestros, extorsiones, terrorismo y narcotráfico.Por fortuna rindió sus frutos el esfuerzo por fortalecer a la Fuerza Pública y devolver el respeto y la moral a sus integrantes. La decisión del presidente Álvaro Uribe y su gobierno permitieron continuar ese propósito y recuperar el dominio del Estado sobre toda la geografía nacional. La Política de Seguridad Democrática rescató al país de la amenaza, le devolvió la confianza y permitió recuperar la senda de progreso que necesita para resolver sus dificultades. Ese esfuerzo ha sido continuado por el presidente Juan Manuel Santos con resultados innegables.Hoy estamos lejos de repetir el Caguán y los colombianos sabemos que negociar con las guerrillas será un imposible mientras sus jefes persistan en la violencia. Tanto la comunidad internacional como nuestra Nación reconocen que ninguna negociación podrá iniciarse si el argumento es el secuestro y la prolongación del cautiverio para sus víctimas, o el terrorismo salvaje que asesina servidores públicos y personas humildes.Esa es la lección que dejó el despeje del Caguán. Por eso, quienes tienen comunicación directa con los cabecillas de las Farc deberían convencerlos de que ahora sí deben negociar en serio, en vez de persistir en el intento inútil de reclamarle a los colombianos treguas y prebendas para sentarse a hablar de paz.

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