La interinidad eterna

Abril 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Por primera vez desde que la democracia regresó a España, ese país deberá repetir sus elecciones para saber quién será su presidente. Además del fin del bipartidismo, esa es la consecuencia de no saber cómo pactar un gobierno que reconozca la aparición de las minorías que obligan a usar la negociación política para cumplir con la misión constitucional".

Por primera vez desde que la democracia regresó a España, ese país deberá repetir sus elecciones para saber quién será su presidente. Además del fin del bipartidismo, esa es la consecuencia de no saber cómo pactar un gobierno que reconozca la aparición de las minorías que obligan a usar la negociación política para cumplir con la misión constitucional. España es una democracia parlamentaria, lo que quiere decir que el jefe del Ejecutivo es producto de una mayoría en la composición del Legislativo. Hasta ahora, lo que se producía era la elección de un partido con mayoría absoluta, fuera éste el Partido Socialista Obrero Español, Psoe, o el Partido Popular, PP. Con muy pocas excepciones, esa especie de balance monopolizó el poder desde recién terminada la larga dictadura del franquismo.El efecto, en la práctica, se reflejaba en la poca necesidad de negociar apoyos con otras organizaciones, toda vez que el líder del triunfador se convierte en jefe del gobierno casi de manera automática. Y los demás partidos, incluido el gran derrotado, se debían contentar con ser un opositor sin instrumentos para oponerse al ganador, así pudiera hablar en las Cortes. Ahora las cosas son distintas. Producto de la atomización que en los electores produjo su inconformidad con la política, surgieron dos nuevas agrupaciones, de izquierda la una y de centro derecha la otra. Con lo cual, las mayorías absolutas del Psoe o del PP desaparecieron, obligándolos a buscar coaliciones para conformar el gobierno.Cuatro meses después de las elecciones, la construcción de esa necesaria alianza es reconocida por el Rey como un imposible, formalizando así el fracaso. El próximo cuatro de mayo, el soberano anunciará la disolución de las Cortes y el llamado a nuevas elecciones. Es decir, el Congreso se deshace ya que sus integrantes no pudieron, o no quisieron, cumplir con su principal misión, la de dotar a España de un nuevo Gobierno.Por supuesto, el actual presidente Mariano Rajoy, del PP, mantendrá su investidura hasta tanto se produzca el nuevo veredicto de los electores, que pueden favorecer de nuevo a su partido, caso en el cual él será reelegido. Pero nada indica que vaya a producirse un cambio que retorne las cosas a las mayorías absolutas. Entonces, el riesgo de que se repita el resultado que obliga a una negociación será muy alto, porque España puede quedar en una interinidad indefinida. Hasta ahora, el país ibérico lleva cuatro meses a la espera de que se conforme un gobierno nacido de una negociación entre los partidos. Y sumará dos meses más hasta que se conozca el resultado de las elecciones, en junio próximo. Son seis meses de interinidad, donde el gobernante apenas tiene legitimidad para tomar decisiones, o para enfrentar amenazas como la separación de Cataluña.Ese es el resultado de los cambios en la voluntad de los electores. Pero los culpables son los partidos que no parecen dispuestos a entender el mandato de los votos. Es decir, la necesidad de concertar para dotar a España de un gobierno como lo mandan sus instituciones constitucionales.

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