La huelga de Fariñas

Julio 10, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Respondiendo al acoso que le ha significado la protesta de un hombre decidido a entregar su vida por la libertad, y a la vez reconociendo la oportunidad para beneficiarse de la indignación mundial, el régimen castrista decidió liberar a 57 de los 75 cubanos que en septiembre de 2003 osaron enfrentar la dictadura. Ahora, una vez Guillermo Fariñas suspendió su huelga de hambre de 135 días, ya se sabe que el régimen no está dispuesto a devolverle la libertad a Cuba, y seguirá utilizando a los presos políticos y al pueblo para conseguir beneficios que le permitan mantenerse en el poder que detenta hace 51 años.En las últimas dos semanas, el mundo libre ha presenciado un proceso insólito en Cuba: mientras el profesor y disidente Fariñas se acercaba a su muerte, Raúl Castro se sentaba a dialogar con los prelados de la Iglesia Católica, ofreciendo concesiones para quienes mandó a la cárcel para cobrarles el peor de los pecados: no estar de acuerdo con el totalitarismo. Ahora, el valor civil de ese hombre, armado sólo de su decisión, logró la liberación de los condenados, muchos de los cuales están en precarias condiciones.En efecto, y coincidiendo con las ofertas de relajar las sanciones al régimen castrista si se produce algún cambio con respecto a los Derechos Humanos en la isla, éste se comprometió a excarcelarlos en los próximos cuatro meses. Y el canciller Moratinos, en una maniobra oportunista digna de resaltar, ofreció a su país como asilo “voluntario”. Es decir, a los disidentes les cambiaron la prisión por el extrañamiento, mientras Raúl Castro consigue el mensajero que irá a la Unión Europea a reclamar el levantamiento de las sanciones impuestas hace siete años, porque el dictador cumplió su palabra.Así, en tanto el régimen cubano explota el acto heroico de Fariñas para dar a entender un cambio en su totalitarismo, en muchos sectores se da como un hecho la apertura del régimen cubano, exigiendo a la UE levantar las sanciones. Con lo cual pretenden también igualarlas al absurdo bloqueo que aún mantiene los Estados Unidos, y del cual la gran víctima es el pueblo cubano. Es una maniobra hábil, en la cual usan a la Iglesia y a España para tratar de recuperar el espacio que le quitó la comunidad internacional a un gobierno basado en los abusos contra la libertad y los derechos humanos. Como bien lo dice el editorial de ayer del Washington Post, el anuncio "no debería llevar a ilusiones de que el gesto anuncia cambios políticos fundamentales”. A pesar de la manipulación que ha montado el gobierno castrista, la declaración de Guillermo Fariñas seguirá siendo un manifiesto de valor en la defensa de la libertad. Y si bien los prelados de la Iglesia cubana deben continuar su esfuerzo por entregarle un poco de esperanza a su Nación, en la conciencia del régimen y en la mente del mundo libre seguirán resonando las palabras de Guillermo Fariñas: ‘Quiero morir en mi patria ante las narices de los dictadores que poseen pistolas, fusiles, cañones y bombas. Sólo tengo la moral del pueblo de abajo, engañado y sometido durante 51 años por los que poseen las armas, la violencia y las leyes totalitarias y que desgobiernan desde arriba’”.

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