La guerra de Corea

Noviembre 24, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Corea es uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría"...

Cincuenta años de confrontaciones, una guerra que oficialmente no termina y los roces continuos entre dos Estados tan antagónicos como diferentes sus resultados, es el telón de fondo de los cañonazos que se dispararon en Corea. La confrontación en la isla de Yeonpyeong es otro peldaño más en la escalada lenta de una confrontación que puede tener consecuencias graves para el resto del planeta.Corea es uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría. Dividida por la confrontación entre el bloque soviético y los Estados Unidos, la guerra entre 1950 y 1953 arrasó su territorio a raíz de los intentos de Rusia por destruir a Corea del Sur, produjo la división de un pueblo e hizo irremediable el surgimiento de diferencias abismales. Hoy, Corea del Norte sigue sumida en la tiranía más absurda, guiada por una especie de comunismo dedicado a mantener un poderoso ejército y a preservar el culto a la personalidad de una dinastía tortuosa, pero incapaz de alimentar a sus más de 24 millones de habitantes.Es una tiranía que se quedó sin patrocinadores desde el derrumbe de la Unión Soviética, momento desde el cual ha tenido a China como un débil hilo de comunicación con el mundo exterior. Pero es una tiranía peligrosa, que prefirió dar el paso hacia el desarrollo de armas atómicas antes que invertir en el desarrollo de su gente, que cada cierto tiempo genera una alarma con sus demostraciones bélicas, o simplemente, atacando a su vecino en busca de una reacción que aún no llega.Corea del Sur, la otra cara de la moneda. Protegida por el poderío bélico de los Estados Unidos, y sin descuidar la obligación de defender su territorio, este país decidió invertir en la educación y el trabajo. Hoy es uno de los más desarrollados de Asia además de potencia tecnológica e industrial del mundo. Su asombrosa transformación se cita con frecuencia para demostrar a las naciones atrasadas que sí es posible derrotar el subdesarrollo, no obstante la piedra en el zapato que significa tener un vecino gobernado por una de las tiranías más atrasadas, dispuesta a generar una conflagración.Para Corea del Norte, la gran tragedia es tener sólo su capacidad de destrucción como herramienta para reclamar que se levante el bloqueo impuesto por la comunidad internacional para obligar a su régimen a abandonar sus intentos de convertirse en miembro del exclusivo club de poseedores de armas atómicas. Pero a duras penas logra que se le entreguen pequeñas cantidades de alimentos.La descripción anterior ayuda para entender lo que está detrás del intercambio bélico de ayer en Yeonpyeng. Hace ocho meses, un buque de guerra de Corea del Sur fue hundido por su vecino. Ahora es el ataque a la isla, una especie de notificación de Corea del Norte sobre la ampliación de su capacidad para enriquecer uranio. Son provocaciones frecuentes, que la ONU condena mientras los Estados Unidos amenaza con represalias y pide mediaciones para hacer que el régimen de Pyongyang abandone sus pretensiones atómicas. Al final, lo que se produce es el apaciguamiento que no elimina una tensión demasiado peligrosa para el mundo.

VER COMENTARIOS
Columnistas