La factura del terrorismo

Mayo 08, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Ese ‘gota a gota’ por el que se filtra el hidrocarburo puede fácilmente sumar el doble de la cantidad de crudo que se ha perdido por los atentados en estos 30 años. También es un enemigo silencioso, difícil de detectar y con un efecto más letal.

Con todo y el daño que le produce a la economía nacional, el costo más alto para Colombia por el derrame de petróleo no es económico. Treinta años de atentados a los oleoductos y de ‘ordeño’ a sus tuberías, generan una factura ambiental y social que parece impagable.La semana anterior se produjo otro ataque a la infraestructura petrolera. Como ha sido su costumbre, el ELN dinamitó un tramo del oleoducto Caño Limón – Coveñas. El crudo se derramó sobre las cuencas del río Bojavá y Arauca y puso en riesgo el agua potable de cuatro poblaciones. El número 2.575 de los atentados cometidos por las guerrillas a las líneas de conducción de petróleo del país desde 1986 -dos semanales en promedio-, es una verdadera tragedia nacional.Son 4,1 millones de barriles de crudo que han caído a cuencas de los ríos, quebradas, lagos, ecosistemas y han llegado incluso al mar. También han provocado incendios en los bosques y selvas con consecuencias devastadoras como la ocurrida en Machuca en 1998, donde murieron 86 colombianos luego de la explosión que provocó la guerrilla al Oleoducto Central en Segovia, Antioquia. Se calcula que por esa razón han sido aniquiladas medio centenar de especies animales y las zonas afectadas pueden tardar entre uno y dos siglos en recuperarse.Esa es la incoherencia de las organizaciones guerrilleras, que se ufanan de ser defensoras de los mismos recursos naturales del país que destruyen sin contemplación. Sus acciones terroristas contra la producción petrolera no son sin embargo las únicas ni las más graves para la salud ambiental de Colombia, ni son las que ocasionan más daño a las comunidades aledañas. El llamado ‘ordeño’ a los oleoductos, práctica de robo de combustible a la que recurren tanto las Farc y el ELN como organizaciones criminales y delincuentes comunes, deja aún mayores y peores pérdidas.En los últimos 15 meses se han descubierto 300 válvulas ilegales por las que se han extraído 310 mil barriles de petróleo. De ellos, se calcula que 200.000 barriles fueron derramados, contaminando la naturaleza a su alrededor. Ese ‘gota a gota’ por el que se filtra el hidrocarburo puede fácilmente sumar el doble de la cantidad de crudo que se ha perdido por los atentados en estos 30 años. También es un enemigo silencioso, difícil de detectar y con un efecto más letal.De tal tamaño es el perjuicio que los grupos guerrilleros le han causado a la Nación, acabando con los recursos naturales o usufructuándolos a través del robo, que al final les es más lucrativo como se demostró con la refinería ilegal encontrada recientemente al ELN en cercanías de Tibú. Métodos criminales que además de peligrosos le dejan pérdidas económicas al país por encima de los $600 mil millones, pero que sobre todo han afectado a la población y han devastado miles de hectáreas de ecosistemas y reservas ambientales.Por todo ello, si en las Farc y el ELN existe voluntad, deben empezar por acabar con esas prácticas letales y hacer las debidas reparaciones a los colombianos y a su naturaleza. Ese es el compromiso mínimo que espera el país de quienes dicen estar comprometidos con la paz.

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