La ética y el deporte

Octubre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Ciclistas desesperados por el triunfo, técnicos sin escrúpulos, médicos dispuestos a violar sus juramentos, laboratorios farmacéuticos a los que no les importa alterar los organismos con tal de ganar más dinero , todos aparecen involucrados. Y en frente de ellos la Unión Ciclística Internacional, UCI, cuyos dirigentes prefirieron ignorar durante años un problema que creció hasta volverse imparable".

De la gloria al infierno. Ese fue el paso que dio Lance Armstrong, considerado el más grande ciclista de los últimos tiempos. Su caída en medio de un escándalo por dopaje tiene consecuencias que rebasan la sanción que se le impuso de por vida, o de la pérdida de los siete títulos conseguidos en el Tour de Francia. Él es el reflejo de cómo la ética se ha perdido en deportes como el ciclismo y hasta dónde es capaz de llegar un ser humano, o hasta cuáles límites se le arrastra, para conquistar el éxito económico. Sobre el dopaje en el ciclismo como una práctica consentida por los deportistas y sus equipos, se viene hablando desde 1993. Tanto que 20 de los deportistas que han pasado desde entonces por el podio del Tour de Francia, considerada la competencia reina en el mundo, han sido investigados por consumir sustancias prohibidas. O han sido sancionados, como le sucedió dos atrás al español Alberto Contador y han estado también en la palestra pública como el alemán Jan Ulrich o el estadounidense Greg Lemond. El caso de Armstrong es el más grave, no sólo porque ostentaba el récord de haber ganado siete veces el Tour de Francia. También porque hasta ahora fue visto como máximo ejemplo de superación personal: tras sufrir un cáncer testicular con metástasis en pulmones y cerebro, luchó, sobrevivió y regresó al ciclismo para continuar cosechando triunfos. Hasta que empezaron los rumores de que ese ‘superhombre’ era producto del dóping. La investigación adelantada por la Agencia Estadounidense Antidopaje, Usada, deja pocas dudas sobre la responsabilidad de Lance Armstrong y destapa una intrincada red que llevó el dopaje a una escala de sofisticación impensable. Ciclistas desesperados por el triunfo, técnicos sin escrúpulos, médicos dispuestos a violar sus juramentos, laboratorios farmacéuticos a los que no les importa alterar los organismos con tal de ganar más dinero , todos aparecen involucrados. Y en frente de ellos la Unión Ciclística Internacional, UCI, cuyos dirigentes prefirieron ignorar durante años un problema que creció hasta volverse imparable.La culpa recae ahora en Armstrong, pero seguramente las investigaciones harán rodar otras cabezas. La reflexión hoy es qué lleva a una persona al extremo de afectar su cuerpo y violar los límites de la conducta. Entonces habría que analizar si carreras como la del Tour de Francia, en la que los ciclistas corren jornadas hasta de seis horas diarias, durante 20 días continuos, son humanas y responsables. La integridad física es sometida a un abuso, así un deportista esté bien preparado y se tengan las condiciones para resistir. En pos del triunfo, cualquier alternativa de fortalecerse se volvió aceptable. Porque entre otras razones, ser campeón se convirtió en un negocio que mueve millonarias sumas, producto de la alianza entre deporte y la publicidad que se empeña en crear héroes para explotar su figura sin importar si son o no reales. Fue cuando el afán de lucro remplazó al espíritu de competencia sana, abrió el boquete por el que se escapó la ética y destruyó la credibilidad del ciclismo. Ahí está Lance Armstrong para demostrar la cruda realidad.

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