La estela del terror

Noviembre 23, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Hoy, mientras la agenda de las potencias está concentrada en encontrar fórmulas inmediatas que pongan freno a nuevas incursiones en su hemisferio de los yihadistas, el EI pasa por su peor momento en el campo de batalla, tras perder a manos de tropas kurdas el control de Sinjar, uno de sus principales centros de operaciones y reclutamiento en Iraq.

El terrorismo yihadista ha vuelto a matar. Lo ha hecho esta vez en un hotel de Bamako, la capital de Malí, para agregar así un nuevo eslabón, ahora en África, a esa criminal especialidad de asesinar civiles inermes que primero hace rehenes y luego ejecuta.No menos de 27 fueron las víctimas mortales del asalto atribuido a una facción de Al Qaeda. Pero casi enseguida, las miradas del mundo se dirigieron hacia una Bruselas bajo amenaza de “riesgo inminente” de otro ataque del EI. En el fin de semana que acaba de pasar, la además capital administrativa de Europa y sede de la Otan se ha convertido en una ciudad militarizada en la que desde iglesias hasta cines, pasando por el metro, los estadios y restaurantes han cerrado. Mientras eso sucede, aún retumban, cada vez más duro, los nuevos testimonios del fatídico viernes 13 parisino y su estela de 129 personas muertas y decenas de heridos graves. Eso, en Occidente, porque al otro lado de ese muro milenario que separa a dos culturas, las cosas siguen más cerca del horror, así sus muertos cuenten menos a la hora del impacto mediático. Basta decir que en el día previo a la tragedia de la capital francesa, el EI mató, mediante la acción de milicianos bomba y explosivos camuflados, a 43 personas en Beirut y al menos a otras 19 en Bagdad, dos hechos de diversas proporciones. Y es que mientras para Líbano es el suceso más grave en sus últimos 25 años de historia, para Bagdad ese nuevo atentado es otra más de los tantos que dejan sangre y dolor a diario en sus calles y en el país entero. Solo entre enero y octubre de este año, los terroristas han asesinado en Iraq a 6250 civiles.Las cifras asombran, pero más aún lo consigue el efecto del terrorismo. Hoy, mientras la agenda de las potencias está concentrada en encontrar fórmulas inmediatas que pongan freno a nuevas incursiones en su hemisferio de los yihadistas, el EI pasa por su peor momento en el campo de batalla, tras perder a manos de tropas kurdas el control de Sinjar, uno de sus principales centros de operaciones y reclutamiento en Iraq.En el fondo, de eso se trata el terrorismo. Ese es su fin, crear el caos con sangre y destrucción para, sobre él, edificar una aparente realidad. Tal sucede con el EI y su fallida pretensión de convertirse en imagen y vocero de 1.600 millones de musulmanes, ajenos a su carrera de odio y muerte.Por supuesto, la derrota del terrorismo, en este caso del yihadista, es una prioridad que pasa por lo militar. Pero no menos por lo político, como lo indican por ejemplo las situaciones de Siria e Iraq, dignas de algo más que medidas urgentes. A eso, a lo político en esencia, apunta la resolución del pasado viernes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el que se insta a tomar “todas las medidas necesarias” para enfrentar al Isis. Sin duda, como bien la definió el gobierno francés, tal empresa debe tener un solo frente, el de todos los países; y un solo fin, la defensa de la humanidad. Solo así se podrá mantener control sobre un enemigo común, el terrorismo, al que hay que apuntar en firme, sin fallar.

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