La encrucijada de México

Noviembre 04, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Es claro que México no controla a su policía y que aún en el ejército hay indicios de relación con los grupos de criminales en todo el país. Peor aún: la clase política mexicana está cooptada por los narcos, como quedó claro en el caso de Iguala. El Estado no tiene el monopolio de las armas y no es capaz de defender a la población de las amenazas criminales.

El inicio de la peor crisis que ha vivido el México contemporáneo tiene hora y lugar exacto: Iguala, Guerrero, a las 9 de la noche del viernes 26 de septiembre. Entonces dos buses con estudiantes de la escuela Normal de Ayotzinpán llegaron a la población y se desencadenó una serie de eventos que dejaron 6 muertos y 43 estudiantes desaparecidos.De esos hechos luctuosos ha pasado más de un mes y hasta ahora no se sabe nada. En el entretanto se han hallado fosas comunes con gran cantidad de cadáveres que no son los de los estudiantes. Lo más grave: esos estudiantes fueron detenidos por la policía de Iguala y entregados a una banda de narcotraficantes conocida como Guerreros Unidos. La orden de detenerlos la dio el alcalde de Iguala, quien junto con su esposa son acusados de pertenecer a la banda criminal.Este acontecimiento ha pasado de ser local a nacional e internacional, causando graves dificultades al gobierno de Enrique Peña Nieto, a quien se le ha visto dubitativo y poco eficaz para sortear el problema. El Diario El Universal anota que “tardó diez días en entrar de lleno el gobierno federal a la escena y lo hizo a partir de un discurso presidencial inseguro y tropezado. Demasiado poco y demasiado tarde”.La revista británica The Economist, que hace poco había elogiado el reformismo de Peña Nieto, cambió el tono al comentar la renuncia del gobernador del estado de Guerrero al decir que “La renuncia (...) llega muy tarde para disminuir la ira de los mexicanos (...) pero al menos le da al gobierno de Enrique Peña Nieto la oportunidad de mostrar más liderazgo en una crisis que ha expuesto la completa falta de ley en partes del país, algo que ha pasado dos años tratando de disfrazar”.Eso viene de más atrás y que ya desbordó la copa. El analista Eduardo Buscaglia -investigador de la Universidad de Columbia- lamentó que no se le hubiera prestado atención cuando, desde 2008, empezó a denunciar que “entre el 63% y el 67% de los municipios mexicanos estaban siendo capturados por grupos criminales”.Es claro que México no controla a su policía y que aún en el ejército hay indicios de relación con los grupos de criminales en todo el país. Peor aún: la clase política mexicana está cooptada por los narcos, como quedó claro en el caso de Iguala. El Estado no tiene el monopolio de las armas y no es capaz de defender a la población de las amenazas criminales. De allí la proliferación de grupos de autodefensa y la reciente organización de guerrillas izquierdistas que quieren hacer justicia por sus propias manos.Es tan grave lo que está sucediendo que ya algunos comentaristas comenzaron a señalar que el caso de Iguala supera por sus implicaciones, a la mítica “matanza de Tlatelolco” de 1968. O el gobierno hace una demostración de fuerza grande y eficaz, deteniendo a todos los implicados y desbaratando las organizaciones criminales con todas sus ramificaciones, al tiempo que devela la suerte de los estudiantes desaparecidos, o se abre para el país una época de anarquía y conflictos aún más sangrientos. Así ocurrió en Colombia hace apenas dos décadas.

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