La elección del Procurador

Octubre 25, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La Procuraduría es ante todo un vigilante del cumplimiento de la ley por los funcionarios a todo nivel. En ese aspecto, la Constitución le otorgó facultades disciplinarias y administrativas que fueron acompañadas de una independencia clara, aunque la terna de aspirantes es designada por el Presidente de la República, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia, y la elección la realiza el Senado.

Luego de muchos tira y aflojes, esta semana tendrá lugar la elección del Procurador General de la Nación para los próximos cuatro años. Además del momento para escoger una persona que cumpla con las expectativas de todo el país, será una oportunidad para corregir errores, para definir mejor las atribuciones y para quitarle el marcado acento partidista que, como en otros campos del acontecer nacional, destruye la credibilidad de las instituciones públicas.La Procuraduría es ante todo un vigilante del cumplimiento de la ley por los funcionarios a todo nivel. En ese aspecto, la Constitución le otorgó facultades disciplinarias y administrativas que fueron acompañadas de una independencia clara, aunque la terna de aspirantes es designada por el Presidente de la República, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia, y la elección la realiza el Senado.Esa fórmula debería por sí misma garantizar la no influencia de cualquier poder sobre quien debe dirigir el control a la actividad estatal, y quien es también el vocero de la sociedad en muchos asuntos como actuar en los temas sensibles para ella, o acompañar los procesos penales ante la Justicia. Así, más que unas atribuciones sin límite como se ha pretendido interpretar, sus facultades son resultado de la confianza que el constituyente depositó en el organismo y en su director, para cumplir una de las más importantes obligaciones en la democracia.Sin embargo, es un secreto a voces la manera en que la política partidista ha influido en esa elección, y el grave conflicto que se ha presentado siempre que los elegidos han usado su cargo para influir en la política o para satisfacer aspiraciones clientelistas de gobernantes, jueces o partidos. A tal extremo han llegado las cosas que ya parecen borrados los límites en la actividad de control que la Justicia, el único poder que tiene facultades para revisar y modificar las determinaciones de la Procuraduría por la vía de los fallos, ha tomado decisiones en muchos casos contradictorias, casi siempre marcadas por el interés político de sus integrantes.Esa es la realidad, aunque trate de ser negada. Y como consecuencia de ella, el órgano llamado a ser neutral está cada vez más en la mira de los partidos. Basta observar la carrera que se presenta, donde partidos, funcionarios y jueces están inmersos en una frenética puja por elegir a quien esté más cerca de sus intereses. Además, todo gira alrededor de cualquier consideración, y entre ellas la de menos peso parece ser aquella que le dio origen a la Procuraduría, la de la imparcialidad y objetividad en la función de vigilar la actuación del Estado y sus integrantes.La elección se produce ahora porque el Consejo de Estado anuló la reelección del anterior procurador, Alejandro Ordóñez. Pueda ser que esta vez se supere ese ambiente enrarecido por la lucha partidista y las descalificaciones a quienes han sido postulados al cargo, y que los miembros del Senado realicen la tarea pensando en el interés común y las necesidades del país. Eso es lo que esperan los colombianos.

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