La discusión eterna

Abril 30, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"¿Cómo hará el Estado para impedir que crezcan el número de hectáreas sembradas de coca y amapola? ¿Con qué reemplazará el glifosato que, entre otras cosas, es usado en muchos lugares del mundo y no parece tener los terribles efectos de los cuales se le señala?"

De nuevo, y a consecuencia de un concepto del Ministerio de salud, Colombia vive la polémica sobre usar o no el glifosato para labores como la erradicación de los cultivos ilícitos. Es la discusión eterna, a cambio de la cual no aparecen alternativas para combatir un mal que como la siembra, cultivo y elaboración de drogas, causa daños irremediables al medio ambiente y alimenta los grupos de violencia en el territorio nacional. Citando un estudio de la Organización Mundial de la Salud, OMS, el Viceministro del ramo explicó que existen indicios sobre la posible evidencia de que el glifosato produce cuatro tipos de cáncer. El funcionario aclaró también que los estudio se están practicando en animales “de experimentación”, por lo cual no es aún demostrable que afecta a los seres humanos. Sin embargo, ello dio pie para que el Ministro de Salud expidiera una recomendación para suspender las aspersiones del herbicida que se utiliza para erradicar las siembras de coca y amapola. La discusión sobre el glifosato no es nueva en Colombia, y está ligada al combate del narcotráfico. Cuando el país adoptó la determinación de utilizarlo en forma masiva, lo hizo llevado por la necesidad de detener un enemigo que ha destruido miles de hectáreas de bosques y selvas, y ha afectado ríos y nacimientos de agua. Por supuesto, detrás de esos cultivos están los poderosos grupos que se lucran de esa actividad, y les dejan a los campesinos pocos ingresos mientras se benefician de la cadena que termina con la venta en las calles de toda clase de drogas.A pesar de los éxitos demostrados, esa estrategia no ha cambiado. Ni puede acabarse, a pesar de que se han impulsado actividades como la erradicación manual, que sin duda protege el medio ambiente pero pone en riesgo a quienes desarrollan esa labor. Los dueños del negocio ilícito, sumados a las minas antipersonas, son los principales riesgos que deben enfrentar los erradicadores.De otra parte, el incumplimiento de acuerdos como los logrados en la región del Catatumbo para suspender las fumigaciones y de compromisos para adelantar la erradicación manual, ponen de presente la dificultad para aplicar esa estrategia. La pregunta es qué hacer si desde el gobierno se envían mensajes contradictorios, ya que el Ministro de Defensa niega la posibilidad de suspender el uso del glifosato y de las fumigaciones por considerarla una amenaza para la seguridad nacional. Hay pues un enfrentamiento insólito entre dos ministros. Pero, además, se ha creado un ambiente de incertidumbre que sólo beneficia a los narcotraficantes. ¿Cómo hará el Estado para impedir que crezcan el número de hectáreas sembradas de coca y amapola? ¿Con qué reemplazará el glifosato que, entre otras cosas, es usado en muchos lugares del mundo y no parece tener los terribles efectos de los cuales se le señala?La situación es pues preocupante. Y el problema no es usar o no el herbicida, si no asegurar que Colombia no permita la destrucción de su ecosistema y de su sociedad a manos de quienes pretenden convencernos sobre la bondad de mantener los cultivos ilícitos.

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