La democracia en el Perú

Junio 07, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

PPK, como se identificó en su campaña, daría así un batacazo tras descontar en la recta final de la semana previa a los comicios, la ventaja que las encuestas daban a Keiko, la hija de Alberto Fujimori. Hijo de un médico que huyó de la Alemania de Hitler, Kuczynski es el típico político de élite.

De acuerdo a la tendencia de los lentos escrutinios, todo apunta a que Pedro Pablo Kuczynski es el nuevo presidente del Perú. PPK, como se identificó en su campaña, daría así un batacazo tras descontar en la recta final de la semana previa a los comicios, la ventaja que las encuestas daban a Keiko, la hija de Alberto Fujimori. Hijo de un médico que huyó de la Alemania de Hitler, Kuczynski es el típico político de élite. Economista de Oxford, con posgrado en Princeton y liberal en toda la extensión del término, tiene a su favor no haberse visto incurso en escándalos de corrupción, en un medio donde los casos abundan en las altas esferas.Con experiencia en el Banco Mundial, primero como asesor y luego como negociador desde la otra orilla - en calidad de ministro del gobierno de Alejandro Toledo - PPK tiene autoridad para cuidar de la economía, el asunto que más preocupa a la nación. Coautor de un milagro que ha permitido que la pobreza baje del 50% al 22% en los últimos quince años, el más probable nuevo mandatario deberá mantener las tasas de crecimiento, y a la vez generar confianza, reduciendo la percepción de inseguridad de sus conciudadanos, una de las más altas del continente.En el camino habrá quedado Keiko Fujimori y lo que encarna: el fujimorismo, mal maquillado como para pasar inadvertido en la memoria de una nación que ya lo había castigado en las elecciones pasadas con Ollanta Humala. Lo que tampoco se puede traducir en que el espíritu de su padre esté sepultado, puesto que las mayorías del Congreso pertenecen a su partido. Es claro entonces que la oposición en el Congreso será encabezada por Keiko. Aunque se sabe que no hay grandes diferencias en cuestiones económicas e ideológicas, la cerrada lucha por del poder, anticipa una confrontación, por lo menos en el inicio del gobierno.Atrás quedaron unas elecciones cundidas de acusaciones y descalificaciones, algo que parece ser parte de las costumbres políticas del Perú. Son campaña poco limpias, afectadas por el populismo como fórmula para captar electores, que se abandonan una vez conseguido el triunfo.Lo que viene ahora son los retos de un país que, aunque ha logrado grandes progresos, aún le falta mucho para superar el atraso y la desigualdad. El primero de ellos, aglutinar a una nación dividida por la dura contienda electoral y los viejos resentimientos que emergieron en ella.Al mismo tiempo, está el deber de acercar dos mundos bien diferentes que hunden sus raíces en una de las culturas más antiguas de América. Uno, el del Perú digno de reconocimiento que ha crecido, a veces hasta el 9% anual. El otro, el Perú profundo donde mandan las carencias y los miedos. Quien entra a gobernar deberá responder en esas materias y en otras como la educación, lo que equivale a las respuestas que exigen sus compatriotas.Sí, Perú tiene presidente, por estrecho margen, menos de un punto de diferencia, pero esa es la democracia y así debe funcionar. El valor de la voz del pueblo, para el que basta la mitad más uno de los votos, algo que debe ser respetado y acatado como la razón de ser de una democracia.

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