La cumbre de América

Abril 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La foto de los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos en el centro de convenciones de Atlapa, Ciudad de Panamá, pasará a la historia como el símbolo de lo que quiere el continente. Es la presencia de todos sus jefes de Gobierno, en igualdad de condiciones y sin que implique desconocer las diferencias.

Si bien existe la crítica sobre la utilidad de las cumbres presidenciales y su poca incidencia en la vida de los ciudadanos del común, puede decirse que la que terminó ayer en Panamá ha marcado una gran diferencia. Por primera vez en mucho tiempo, la reunión fue escenario de un acto largamente esperado: la presencia de todos los países de América sin exclusión alguna. La foto de los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos en el centro de convenciones de Atlapa, Ciudad de Panamá, pasará a la historia como el símbolo de lo que quiere el continente. Es la presencia de todos sus jefes de Gobierno, en igualdad de condiciones y sin que implique desconocer las diferencias. Es el esfuerzo por construir espacios de diálogo en los cuales se traten por completo los asuntos que importan a los 35 países que conforman el continente americano, y por encima de las diferencias de todo género. Con ese encuentro se concreta lo que los jefes de gobierno habían pedido hace tres años con ocasión de la VI cumbre, celebrada en Cartagena. Y así como aportó la posición abierta del presidente Obama, también fue posible debido a los cambios que está realizando el gobierno de Cuba, que prefiere hoy el pragmatismo a la ideología. Por eso puede afirmarse que el apretón de manos significa el desafío al presidente Raúl Castro para que permita el regreso de la libertad y la democracia a su nación. Pero ocurrieron otras cosas de importancia. Por ejemplo, el mismo presidente de los Estados Unidos afirmó que “los tiempos de intervención impune de mi país en la región han terminado”. Lo cual, además de una referencia indirecta a la invasión que su país realizó a Panamá para terminar con el régimen de Manuel Antonio Noriega, se constituye en el reconocimiento no pedido de una actitud calificada como imperialista. Esa declaración es otro logro en la VII Cumbre.Y, como es habitual, por fuera de los rigores de la diplomacia que impide la confrontación entre mandatarios, se produjeron hechos que reflejan la opinión libre. Mientras el presidente de Venezuela llegaba con su retórica trasnochada a reclamar explicaciones, 27 expresidentes de América se reunieron para condenar los abusos contra las libertades en la patria de Simón Bolívar. Así mismo, el presidente de Bolivia volvió a jugar fútbol y a ser el vocero de esa ideología que inspira al Alba, organización creada por el fallecido Hugo Chávez.La cumbre también fue la oportunidad para que el primer mandatario de Colombia explicara los avances del proceso de paz con la guerrilla más antigua del planeta. Con el reconocimiento de la comunidad americana, el presidente Juan Manuel Santos ratificó su compromiso con la solución negociada y su interés en que el acuerdo definitivo se logre antes de finalizar el 2015. Así, la VII cumbre fue un evento positivo para el diálogo interamericano que ha perdido escenarios debido al ocaso de la OEA y al afán por crear asociaciones que pretenden generar confrontaciones antes que buscar la unión del continente. Por eso, al llegar a su final y en vista de sus resultados, puede decirse que ésta fue una verdadera Cumbre de América.

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