La crisis de Petrobras

Febrero 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El escándalo de Petrobras se inició hace un año, en medio de la campaña para elegir primer mandatario. Pero, al igual que ocurrió con Ignacio Lulla Da Silva, la presidenta Rousseff superó las acusaciones que vinculan a su Partido de los Trabajadores, a su gobierno de coaliciones que se construyen a partir de alianzas clientelistas, y a la destitución de ministros por denuncias y carcelazos".

Treinta y cinco días después de iniciar su segundo mandato, la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, debió aceptar la renuncia de los más altos funcionarios de Petrobras, la empresa más grande de ese enorme país y el símbolo del poderío de la séptima economía del Planeta. Es el coletazo de los escándalos de corrupción que afectan la vida pública de la nación más grande de Suramérica. Con la señora María Das GraCas Foster, funcionaria de carrera y quien gozaba de la confianza de la Presidenta, se van también los cinco vicepresidentes de la empresa. Hoy, su junta directiva deberá nombrar los remplazos, luego de que no cumplieran la exigencia de ajustar los balances financieros a la escabrosa realidad. En efecto, estimativos confiables hablan de una sobrevaloración de activos que asciende a US$ 38.000 millones, algo así como $8,2 billones, los cuales se perdieron en la red de favores, contratos y coimas recibidas o pagadas por las mayores empresas de construcción brasileñas.El escándalo se inició hace un año, en medio de la campaña para elegir primer mandatario. Pero, al igual que ocurrió con Ignacio Lulla Da Silva, la presidenta Rousseff superó las acusaciones que vinculan a su Partido de los Trabajadores, a su gobierno de coaliciones que se construyen a partir de alianzas clientelistas, y a la destitución de ministros por denuncias y carcelazos. Al parecer, la política del Brasil es inmune a los cuestionamientos y los electores pasan por encima de ellos y escogen la continuidad de un sistema antiético, a pesar del daño que le han causado a su país. Y vale más la figura de Lula y doña Dilma que las denuncias contra su partido, la coalición que conforma su gobierno y la decena de ministros que han caído por sus vínculos con la corrupción. Así, el 2015 arrancó con la detención de 36 personas vinculadas a las empresas constructoras, la del tesorero de Petrobras y de decenas de funcionarios de la empresa. Por supuesto, el descubrimiento del entramado se sumó al descenso del precio del petróleo para producir una caída enorme en la valoración de la empresa y en la rebaja de la evaluación que le otorgan las calificadoras internacionales. Más aún, cuando se supo que los cinco cargos cuyos titulares renunciaron son nombrados como cuotas que se entregan a los integrantes de la coalición de gobierno, que se supone está por fuera de la componenda. Y por paradójico que parezca, el valor de la acción de Petrobras reaccionó con fuerza ante el anuncio de la renuncia de quienes dirigieron la que no hace mucho fuera una de las empresas de mejor reputación en el mundo petrolero. Un ejemplo de ello es que Colombia imitó el modelo que permite vender acciones de Ecopetrol al sector privado, lo cual impulsó el valor en bolsa de la empresa. Ahora, la señora Rousseff tendrá que hacer un gran esfuerzo por devolverle la credibilidad a la empresa. Pero, ante todo, tendrá la responsabilidad ineludible de rescatar la ética y la confianza en un gobierno que está obligado a recuperar la economía, evitar la recesión y cumplir sus promesas a los millones de brasileños que votaron por ella.

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