La convivencia política

La convivencia política

Marzo 07, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Luego de los graves hechos que se han producido contra las campañas electorales de cuatro partidos y una vez escuchado el clamoroso rechazo a los ataques, lo que debe producirse es el compromiso de los sectores políticos de condenar esas prácticas. Pero, ante todo, debe hacerse presente el compromiso de las autoridades civiles, judiciales, militares y de policía, de hacer el esfuerzo que sea necesario para evitar que la violencia interfiera el ejercicio de la democracia en Colombia.

Nuestro país ha hecho un gran esfuerzo por recuperar la tranquilidad que se produce cuando existe la posibilidad de expresar opiniones contrarias sin el temor a una retaliación que pretenda desaparecer esa diversidad, imponer criterios o, como puede estar sucediendo, generar venganzas por hechos pasados. En ese esfuerzo está comprometida la posibilidad de ser una nación capaz de resolver sus diferencias apelando a las urnas y los votantes cuando sean de carácter político o al Estado, cuando se trate de hacer prevalecer los derechos adquiridos con justo título.

Esa ha sido la gran batalla de los últimos sesenta años, pese a los hechos de violencia que han marcado a varias generaciones de colombianos. Desde la creación del Frente Nacional hasta el acuerdo para terminar el conflicto con las Farc y permitir su reincorporación a la sociedad, todos los esfuerzos y todos los intentos de diálogo se han dirigido a buscar la forma para que la democracia y el respeto por la diversidad sean los caminos que de verdad nos permitan superar los odios y las venganzas, sin que ello signifique olvidar el pasado.

Ahora estamos en uno de los momentos más cruciales de nuestro devenir como Nación. Se trata de realizar una campaña electoral en momentos en los cuales parece imperiosa una renovación del Estado y una recuperación de la ética que rescate a la política de la decadencia en que está cayendo. Y parecen surgir radicalismos peligrosos y métodos violentos que aparentaban estar superados, después de unas épocas en las cuales se sacrificaron líderes de la Unión Patriótica y un período en el cual el narcotráfico y la intolerancia asesinaron líderes y candidatos presidenciales de gran importancia para los colombianos.

Esas épocas y esos métodos no pueden regresar. Para ello es indispensable que los partidos y quienes participen en las contiendas electorales se comprometan a rechazar la violencia y se empeñen en promover el debate civilizado que no excluye el fervor por las causas políticas. Y sobre todo, que las autoridades actúen con decisión para defender la transparencia y anticiparse a los hechos que amenacen las libertades y los derechos a elegir y ser elegido.

Eso puede definirse como un llamado a cambiar y crear una verdadera cultura política que se base en el respeto por la diferencia y el acatamiento del mandato que los ciudadanos expresan en las urnas. Esa es la diferencia entre una Nación que cree en la democracia como el medio para resolver sus conflictos y aquella que se resiste a dejar la violencia para silenciar al contrario.

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