La concordia en Honduras

Mayo 25, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El esfuerzo dio punto final a la confrontación entre Manuel Zelaya, expresidente destituido por un golpe de Estado, y su sucesor, el presidente Porfirio Lobo. O mejor, permitió dejar atrás un conflicto entre hondureños que sólo daño le causó a su Nación".

Así como el reconocimiento que merecen los gobiernos de Colombia y Venezuela por lograr el acuerdo que puso fin a la crisis institucional en Honduras, y su pronto regreso a la Organización de Estados Americanos, lo ocurrido en Cartagena se presta para registrar un cambio importante en las relaciones entre los países americanos.El esfuerzo dio punto final a la confrontación entre Manuel Zelaya, expresidente destituido por un golpe de Estado, y su sucesor, el presidente Porfirio Lobo. O mejor, permitió dejar atrás un conflicto entre hondureños que sólo daño le causó a su Nación. Conflicto que, es oportuno recordarlo, se generó con la intervención del presidente Hugo Chávez en los asuntos internos de ese país y culminó con un golpe de estado contra Zelaya, quien después de dividir la opinión pública con actuaciones populistas pretendía instaurar su reelección. En medio de ese penoso enfrentamiento fue claro que el gran instigador fue el interés del Presidente de Venezuela por ampliar el área de influencia que ha pretendido montar en América a través de la Alianza Bolivariana para las Américas, Alba, para lo cual usa el petróleo de su país. Así logró echarse al bolsillo a Zelaya, pasando por encima de la historia de Honduras, con el único e interesado respaldo de los mandatarios de Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Cuba, socios y acuciosos amplificadores del Mandatario venezolano. Por supuesto, a los demás miembros de la OEA no les quedó alternativa distinta a retirar a Honduras de la organización, ante la violación a su carta que significaba el golpe de Estado. Lo que nunca implicó hacerle eco a los reclamos airados de los miembros del Alba para que se desconocieran los resultados de las elecciones libres en el país centroamericano y se reinstalara a Zelaya en el poder. También se hizo notorio el daño que causó a la concordia entre los hondureños la acogida que Brasil le brindó al derrocado presidente en su embajada en Tegucigalpa. Y el tiempo también permitió registrar el aparatoso viraje de Hugo Chávez en las relaciones con sus vecinos de América, empezando con Colombia. Ahora ya no es el instigador de la discordia sino el conciliador. En este caso, tal cambio permitió que los dos países pudieran trabajar unidos y buscar la solución. Que empezó a perfilarse cuando el Alba se silenció y su líder dejó atrás las descalificaciones. Y se concretó el pasado domingo, cuando Lobo y Zelaya firmaron el acuerdo en Cartagena, se dieron un estrecho abrazo ante las cámaras de televisión y anunciaron el regreso del expresidente Zelaya a su patria, después de que cesaran todos los procesos judiciales en su contra.Así, sólo queda el reintegro de Honduras a la OEA para que la faena de intermediación quede terminada, lo que debe acontecer el próximo 1 de junio y pese a la oposición del gobierno del Ecuador. Terminará entonces un episodio absurdo contra la democracia en América. Sin duda, el nuevo estilo de la diplomacia colombiana se anotó otro éxito. Pero se deberá reconocer que la concordia será posible en tanto se refrenen los delirios imperiales y las ambiciones de intervenir en los asuntos internos de los vecinos.

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