La coherencia del terror

La coherencia del terror

Enero 29, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Confirmada la autoría del ELN en los atentados terroristas que tuvieron lugar en Barranquilla, Soledad y Santa Rosa del Sur, el presidente Juan Manuel Santos ordenó la suspensión de los diálogos que se llevan a cabo en Quito, Ecuador. Ahora hay que tomar las medidas y decisiones que sean del caso para garantizar la seguridad de los colombianos y el castigo a los autores de los atentados.

Para reiniciar los diálogos, suspendidos en múltiples ocasiones por los actos terroristas contra autoridades y ciudadanos del común, el presidente Santos le ha dicho al grupo armado ilegal que esa decisión se aplicará, “hasta que no vea coherencia por parte del ELN entre sus palabras y sus acciones”. Quiere ello decir que la suspensión durará hasta que la contraparte demuestre con hechos su compromiso en la búsqueda de soluciones pacíficas todo lo contrario a los actos terroristas con los cuales iniciaron el 2018.

La aclaración es oportuna puesto que los comunicados de ese grupo demuestran otra coherencia, la de presionar mediante la violencia al Estado y a la Nación para que cedan a las pretensiones de sus autores. Y además de insistir en considerar el narcotráfico, la minería ilegal y toda suerte de delitos como actos de guerra que deben ser calificados como parte de una rebelión, persiste el ELN en su idea de definir a los ciudadanos desarmados como sus enemigos, por lo cual puede hacerlos víctimas del secuestro, la extorsión, el desplazamiento y el terror indiscriminado.

Esos son los extremos en los cuales se ha desarrollado la negociación que con paciencia está acompañando la comunidad internacional, con excepciones innegables. Y no es algo nuevo, puesto que las ocasiones anteriores en que gobiernos y organizaciones sociales y religiosas han tratado de buscar la negociación, han llegado a la misma pared que impide seguir adelante. Es el terrorismo y la indudable dispersión de un grupo disperso, donde no existe unidad de mando ni de conceptos.

Así, los grupos que asesinan líderes indígenas en el Chocó tienen conceptos distintos a los que atacan en los departamentos del Cauca y Nariño. Y aquellos que mantienen sus intereses en el narcotráfico en Norte de Santander difieren en forma profunda de los que por años han sometido al Arauca y la industria petrolera a la extorsión y el terrorismo, aprovechando la impunidad que les brinda la frontera con Venezuela.

Y qué decir del denominado Frente Urbano Nacional, una célula terrorista que tiene un largo y sangriento historial en Bogotá y de donde, según parece, salieron los autores de la masacre en Barranquilla y los bombazos en Soledad y Santa Rosa del Sur. Así, lo que une a esa agrupación es la obsesión en usar la violencia contra Colombia para imponer sus criterios mientras se enriquecen con el delito en todas su expresiones.

Eso no es aceptable para una Nación que ha abierto sus brazos para tratar de buscar una solución pacífica. Por ello, hay que usar las Fuerzas Armadas y la Policía para defender a los ciudadanos y a la vez perseguir la insania que promueve el terrorismo del ELN.

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