La amenaza en las laderas

La amenaza en las laderas

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Cali está obligada a tomar decisiones para hacer cumplir su ordenamiento y evitar que cada invierno sea motivo de tragedia y de lamentos sobre lo que se hubiera podido evitar si se hubiera aplicado con tiempo el principio de autoridad".

Como se construyó el Distrito de Aguablanca, el oeste de Cali alberga ya otra ciudad en las laderas de la Cordillera Occidental, donde los riesgos, las carencias y la informalidad son las reglas. La pregunta es si la capital del Valle tiene la capacidad económica, la decisión política y la voluntad necesarias para normalizar esa comunidad, o para erradicar esas invasiones y evitar una tragedia. Según el informe que se publica en la presente edición, la invasión de la invasión en la ladera se extiende a lo largo de la Cordillera, desde la parte alta del río Meléndez hasta la zona de Menga en límites con el municipio de Yumbo. Según las fuentes consultadas por los reporteros de El País, se calcula que son 1.308.000 metros cuadrados de tierra con 62.800 viviendas informales, casi todas construidas en los últimos 15 años. Según autoridades municipales, allí se asientan 200.000 hogares, el 30% de la población caleña. Es decir, más de 700.000 personas, incluyendo las que llevan muchos años más como Siloé y el barrio Alberto Lleras Camargo que se iniciaron hace ochenta años, o Terrón Colorado, que se extiende a lo largo de la subida hacia el Kilómetro 18 de la carretera al mar. Son comunidades enormes, construidas mediante invasiones que carecen de servicios públicos, de infraestructura básica y en muchos casos toman el agua potable y la energía mediante procedimientos ilegales y riesgosos. Hace pocos días, Siloé fue escenario de una tragedia terrible, cuando seis personas de una familia murieron por un alud. En su momento se habló de fallas en el sistema de alcantarillado de Emcali. La verdad es que toda la ladera y con ella los asentamientos están expuestos al mismo peligro. Y que la amenaza crece en la medida en que se permita, se tolere o se ignore el arribo de más invasores que llegan a Cali en busca de oportunidades, de protección o detrás de familiares para los cuales fue fácil invadir, en muchos casos apoyados por dirigentes políticos que vieron en ellos la posibilidad de conseguir votos.Tanto en sus normas internas como en las de Policía y en su plan de ordenamiento territorial, POT, Cali tiene una batería de normas y principios para regular su crecimiento urbano y la construcción en zonas de alto riesgo como lo son las que se han instalado en la Cordillera. Pero todas son desconocidas o violadas, al punto en que la ilegalidad es la norma de la ladera, generando un peligro latente para los ocupantes de esas viviendas. Esa es la realidad. Detrás de las montañas, bajo los cerros tutelares de Cristo Rey y las Tres Cruces, la ciudad ha ido creciendo sin control y sin autoridad capaz de hacer cumplir el ordenamiento creado para defender la vida y dar seguridad. Como lo demuestra el informe de El País, los cientos de miles de personas que habitan las laderas de Cali enfrentan riesgos que aún pueden ser enfrentados.Por eso, Cali está obligada a tomar decisiones para hacer cumplir su ordenamiento y evitar que cada invierno sea motivo de tragedia y de lamentos sobre lo que se hubiera podido evitar si se hubiera aplicado con tiempo el principio de autoridad.

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