La agonía del río Cali

Agosto 04, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Es el río Cali de hoy, afectado desde su nacimiento por la tala de árboles que agota sus fuentes, por las invasiones, por los incendios del bosque y por la minería ilegal que destruyen el oxígeno que le queda porque allí vierten sus alcantarillas o los químicos mortales.

Alguna vez el poeta Eduardo Carranza escribió ‘Cali en mi corazón’, verso con el cual describió su paso por la Sultana del Valle, que hoy está escrito en piedra en el parque de los poetas. Su frase final se convirtió en símbolo de la ciudad floreciente que crecía en medio de una naturaleza exuberante, en la cual el río tutelar era su razón de ser.La frase es tan bella como descriptiva: “Cali, un sueño atravesado por un río”. Con ello se le hizo el mejor homenaje al afluente que entonces, por la década de 1950, reflejaba su valor para la capital del Valle. Quizás el poeta se refirió a la característica romántica del río tutelar. De lo que no cabía duda era de su aporte para una urbe que creció a su alrededor, que en su totalidad tomaba el agua de él y del cual surgían los paisajes más estremecedores, símbolo de la belleza y la armonía del hombre con la naturaleza. Medio siglo o más ha transcurrido desde entonces. Y lo que ahora vemos es lo que está quedando de la depredación de su cauce y del abuso con un recurso que se está agotando, dejando en medio de la ciudad una especie de herida. Es el río Cali de hoy, afectado desde su nacimiento por la tala de árboles que agota sus fuentes, por las invasiones, por los incendios del bosque y por la minería ilegal que destruyen el oxígeno que le queda porque allí vierten sus alcantarillas o los químicos mortales. Es el símbolo de la urbe que se seca a pasos agigantados, amenazado ya por el cambio climático que está golpeando al planeta, por la mano del hombre que no tiene conciencia sobre el valor que tiene el agua para su vida y el Cali para su identidad. Un río que a duras penas puede ofrecer caudal suficiente para un sector cada vez más reducido de la capital vallecaucana, y que advierte con el racionamiento a los sectores que ha servido durante 100 años.En el informe publicado ayer por El País se puede ver lo que está sucediendo con el afluente. “Es un río de piedra y no de aguas en este momento”, dice uno de sus vecinos, refiriéndose a lo que queda de él, un hilo de agua, en muchos tramos putrefacta por la contaminación que padece al recibir aguas servidas y la suciedad proveniente de ríos como el Aguacatal. El otro punto de vista, el del Jefe del Departamento de Agua Potable de Emcali, debe ser más preocupante: de continuar las cosas como van, el Cali llegará a un caudal de 850 litros por segundo, caso en el cual el racionamiento afectará a ocho comunas donde habitan 600.000 personas de todos los estratos sociales. Lo que debe sumarse a la amenaza que pende sobre el suroriente de la capital del Valle, a causa de los problemas que padece el Cauca. Por eso es hora de tomar en serio lo que está ocurriendo y ajustar medidas de fondo para rescatar el río Cali. Por supuesto, hay que orar para que esta época de verano termine pronto. Pero hay que actuar para recuperar el que aún suministra el agua a miles de hogares de Cali, y el que aún es símbolo del sueño que describió el poeta Carranza y hoy padece la agonía causada por el abandono y la depredación.

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