Jueves Santo

Abril 05, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El Jueves Santo adquiere especial significación porque establece el principio del amor a la humanidad como fundamento de la fe. Jesús, consciente de que tendrá que llegar al sacrificio supremo para salvar al ser humano, se prepara para el dolor y la agonía que se producirá durante la crucifixión.

El jueves inician tres días claves de la celebración católica que alude a los últimas jornadas de Jesús en su existencia terrenal. En estos tres días santos se establecen los valores esenciales del cristianismo y se funda la liturgia de la misa católica. El Jueves Santo adquiere especial significación porque establece el principio del amor a la humanidad como fundamento de la fe. Jesús, consciente de que tendrá que llegar al sacrificio supremo para salvar al ser humano, se prepara para el dolor y la agonía que se producirá durante la crucifixión. Se reune con sus discípulos para compartir una última cena, pan, vino y cordero que, pese a su sencillez y austeridad, está llena de ricos significados y de gestos memorables.En ella, el Maestro como lo llamaban sus seguidores, se desprende de su papel de autoridad y, en un gesto de humildad y desprendimiento, toma agua y una toalla, y lava los pies de los doce apóstoles, uno por uno, aún a sabiendas de que uno de ellos, Judas Iscariote, “no está limpio”, pues ya ha decidido traicionarlo y entregarlo a los déspotas romanos.Este gesto, el propio Jesús lo considera una ‘enseñanza’, pese a la incomprensión de sus discípulos. Con el ejemplo les dice que los jefes, maestros y autoridades, no son superiores a quienes los siguen, les aprenden u obedecen. Que en la humildad se encuentra más poder que en la arrogancia y que la sencillez es una virtud superior, mientras que la ostentación es un vicio. Es una de las últimas lecciones de Jesús y una de las más poderosas.Luego, al compartir la cena, parte el pan y lo reparte, diciendo: “Comed, pues esta es mi carne”. Después reparte el vino, señalando: “Bebed, pues esta es mi sangre”. De esa manera propone una comunión íntima entre el Maestro y sus discípulos, en la que ellos se apropian de su savia vital para encontrar perdón, sabiduría y felicidad. Este gesto que simboliza el sacrificio supremo en aras de la salvación de los demás, simboliza los sucesos terribles y dolorosos que llegarán al día siguiente, con la crucifixión. Así se establece el momento culminante de la liturgia católica, que los fieles siguen compartiendo en el mundo entero.Pero no todo es tranquilidad y solidaridad ese jueves memorable. También duda, tristeza y agonía. Jesús anuncia que será traicionado y se retira a orar al monte de Getsemaní, estableciendo comunicación con su Padre, agobiado por la responsabilidad que pesa sobre sus hombros: conseguir el perdón para la humanidad, redimir a ser humano, que aún no se decide a reconocer al Dios verdadero.Resuenan en la historia sus palabras de sufrimiento: “Señor, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”, exclama colocándose al nivel de un ser humano que sufre y duda ante los padecimientos que le esperan. Y se entristece, porque sus discípulos duermen mientras él reza en agonía, sabiendo que hará el mayor sacrificio para redimir a esos que lo siguen, y con ellos a los demás.Hoy los católicos del mundo recordamos este día de profundas lecciones, que han perdurado por milenios y siguen siendo una luz que alumbra nuestro horizonte.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad