Jueves de pobreza

Abril 17, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Ser pobre moralmente, como lo son quienes viven para el lujo, el juego y las drogas, es la verdadera miseria humana, de la que también podemos salir gracias al amor de Cristo. Mientras que ser pobres espiritualmente, es decir, sin el temor ni la presencia de Dios en la vida, es la peor condición de miseria, de la que no es posible salir ni con rogativas, ni tampoco con caridad en días santos".

En uno de los días más importantes de la Semana Santa, el jueves, la Iglesia Católica celebra la institución de la eucaristía en la Última Cena y el lavatorio de los pies de los discípulos por parte de Cristo.Ambos eventos marcan la humildad y el amor de Jesús, lo mismo que impulsan el valor de la pobreza. Lo ha dicho el papa Francisco al pronunciar su mensaje sobre la cuaresma: “La pobreza de Cristo nos ha hecho ricos” y “Jesús, que era rico, se empobreció para enriquecernos”. La vida de lujo, ostentación y derroche material no es propia de cristianos, es el sentido principal del mensaje papal y la refrendación de la importancia del Jueves Santo.Tanto la eucaristía como el lavatorio exaltan la humildad y pobreza de Jesús. En la primera entrega su vida para redimirnos. En el segundo manifiesta que pobreza y humildad son virtudes que los cristianos deben apreciar. Ser pobre materialmente, carecer de lo básico para la vida digna, techo, pan y vestido, no es maldición ni condena, es una condición de existencia que puede enriquecernos.Ser pobre moralmente, como lo son quienes viven para el lujo, el juego y las drogas, es la verdadera miseria humana, de la que también podemos salir gracias al amor de Cristo. Mientras que ser pobres espiritualmente, es decir, sin el temor ni la presencia de Dios en la vida, es la peor condición de miseria, de la que no es posible salir ni con rogativas, ni tampoco con caridad en días santos.La limosna del pobre vale más que la del rico, porque duele y significa amor. La otra, ni duele porque no implica un real desprendimiento, ni, por lo tanto, significa amor verdadero. Cuando Francisco plantea que Jesús se empobreció para enriquecernos, lo que está planteando es una incitación a cambiar nuestro modo de vida de manera radical, para ponernos a tono con el cristianismo antiguo, que puede curar los males contemporáneos nacidos de las pobrezas morales y espirituales, lo mismo que cambiar a la Iglesia Católica, que ha hecho de la ostentación y el poder una máscara para imponer su autoridad.El que no es capaz de ganarse el corazón de los pobres volviéndose como ellos, no es digno del amor de Jesús, ni comparte las lecciones humildad impartidas en el Jueves Santo. El cristianismo debe volver a una forma de vida más sencilla y austera, pues la pobreza material no impide gozar de una riqueza moral y espiritual que son las que nos hacen verdaderamente ricos.Por eso mismo la humildad del Papa es creíble y de allí surgen sus lecciones de tolerancia en todos los aspectos. Que le permiten afirmar que no tiene autoridad para juzgar a un homosexual o para pedir perdón por los escándalos de pederastia protagonizados por sacerdotes que han caído en la pobreza moral.Colombia, que sufre de tantos males, en especial el de la pobreza moral y además la espiritual, debiera aprovechar este Jueves Santo para escuchar el mensaje papal, seguir las ideas de Francisco, y sus dirigentes descender al nivel de los pobres, lavarles los pies con amor, y enriquecerse con los principios morales y espirituales del verdadero cristiano. Sólo se podrá acabar con la pobreza material si primero se erradican las pobrezas moral y espiritual. Ese es el centro del mensaje papal en este Jueves Santo de 2014.

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