Inquietudes

Agosto 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Queda entonces la posibilidad de pedirle al Legislativo que, como lo sugiere el Mandatario, expida el acto que mencionó en su entrevista para crear el ente propuesto, compuesto por una parte del Congreso, al cual le debe ceder algunas de sus atribuciones, y del que miembros de las Farc pueden formar parte.

En medio de una entrevista sobre temas de actualidad, el presidente Juan Manuel Santos habló sobre algunos aspectos que él considera de importancia para avanzar en los diálogos de La Habana.De los varios asuntos tratados en la entrevista publicada en la última edición de la revista Semana surgen tres temas que merecen atención. El primero es que el Jefe del Estado sugiera la creación, mediante un Acto Legislativo, de un “Congresito” que desarrolle algunas decisiones de los acuerdos. Se sabe que el Congreso de la República ya produjo la Ley Marco Para la Paz, que espera un desarrollo legislativo. Y que la atribución para reformar la Constitución se produce solo mediante pronunciamientos del Legislador o de la voluntad popular, a través de las consultas. Por eso llama la atención que el Primer Mandatario se refiera a la creación de esa peculiar figura para desarrollar los acuerdos que se alcancen en la negociación, entidad que no está contemplada en la legislación y que más parece un sustituto del Congreso Nacional. Revisando la Carta, lo más parecido a esa iniciativa dentro de las consultas populares es la Asamblea Nacional Constituyente que, según palabras del presidente Santos, está descartada.Queda entonces la posibilidad de pedirle al Legislativo que, como lo sugiere el Mandatario, expida el acto que mencionó en su entrevista para crear el ente propuesto, compuesto por una parte del Congreso, al cual le debe ceder algunas de sus atribuciones, y del que miembros de las Farc pueden formar parte. Figura extraña en la medida en que se trata de entregar atribuciones como la reforma de la Constitución Nacional. Esa figura excluye la refrendación por los colombianos que el Presidente de la República ofreció al inicio de los diálogos. Cabe recordar que cualquier decisión de ese tipo debe ser revisada por la Corte Constitucional, proceso de por sí largo y dispendioso. El segundo tema es la posibilidad de declarar el cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo antes del acuerdo final. Lo cual, además de significar un cambio al compromiso de que se firme el acuerdo primero y después se decrete el cese bilateral, genera interrogantes, si bien el presidente Santos condiciona tal decisión a que se logren acuerdos sobre la justicia. Por último, está la posibilidad de acoger la propuesta de un abogado de las Farc de aplicar la misma justicia transicional para todos quienes, según su criterio, hayan cometido crímenes desde el Estado. Por su amplitud, que permite utilizar el mismo rasero a mandatarios y altos dignatarios de las instituciones y su debida condena, tal concepto debería ser precisado. Lo contrario es inaceptable, puesto que iguala a quienes han sido condenados por crímenes de lesa humanidad con quienes, en el cumplimiento de sus funciones, se han regido por las normas y han estado expuestos al escrutinio de la Justicia.Como puede observarse, los tres temas reclaman claridad, más aún en momentos en los cuales la actitud de las Farc se ha constituido en el gran obstáculo para que los colombianos crean en el buen suceso de los diálogos que se llevan a cabo en Cuba.

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