Industria, desarrollo y equidad

editorial: Industria, desarrollo y equidad

"Se dice que Colombia entró en una política de integración económica con el mundo, para lo cual debe prepararse. Es decir, transformarse para asumir el desafío de los tratados de libre comercio y la globalización de los mercados financieros. La pregunta es cómo debe hacerlo y si tiene herramientas distintas a los subsidios que hoy se entregan a los cafeteros, a los cacaoteros y a todo aquel sector que tenga la capacidad suficiente para hacer sentir su reclamo".

Industria, desarrollo y equidad

Junio 16, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Se dice que Colombia entró en una política de integración económica con el mundo, para lo cual debe prepararse. Es decir, transformarse para asumir el desafío de los tratados de libre comercio y la globalización de los mercados financieros. La pregunta es cómo debe hacerlo y si tiene herramientas distintas a los subsidios que hoy se entregan a los cafeteros, a los cacaoteros y a todo aquel sector que tenga la capacidad suficiente para hacer sentir su reclamo".

Desde hace varios trimestres están encendidas las alarmas sobre lo que está ocurriendo en algunos sectores neurálgicos de la industria colombiana. No vaya a ser que la aparente bonanza que hasta ahora han dejado la minería y el petróleo siga impidiendo a los encargados de dirigir los asuntos económicos el ver lo que está ocurriendo y los estragos que puede dejar un buen momento mal administrado. Aunque no ha sido el único, el cierre de las fábricas de Michelín puede considerarse la demostración más clara de lo que está sucediendo. Y tampoco puede achacarse solo a la falta de cuidado en la gestión de una empresa en particular o al interés de una empresa multinacional por reestructurar sus negocios. Por el contrario, es la suma de muchos factores: revaluación, apertura indiscriminada, competencia en veces desleal e incomprensión del momento. La consecuencia está en el despido de 400 empleados colombianos que si bien recibirán una indemnización, entrarán a formar parte del desempleo que según el Departamento Nacional de estadísticas, Dane, supera el 10% en Colombia pero que en ciudades como Cali llega al 16%. Y es la pérdida de puestos de trabajo que difícilmente podrá ser superada mientras se mantengan los factores que la originan. Es lo que le pasó al café, al arroz, lo que le está sucediendo a sectores como el ensamblaje de automotores y la fabricación de autopartes. O lo que le acontece a la industria del calzado, destruida por el contrabando y el dumping, a lo cual debe sumarse la lentitud del Estado para combatirlo. Se dice que Colombia entró en una política de integración económica con el mundo, para lo cual debe prepararse. Es decir, transformarse para asumir el desafío de los tratados de libre comercio y la globalización de los mercados financieros. La pregunta es cómo debe hacerlo y si tiene herramientas distintas a los subsidios que hoy se entregan a los cafeteros, a los cacaoteros y a todo aquel sector que tenga la capacidad suficiente para hacer sentir su reclamo. ¿Acaso estamos preparados para el momento en el cual el Gobierno no pueda atender esas demandas? Desde hace varios años se ha escuchado la advertencia sobre la llegada de la llamada Enfermedad Holandesa, donde las bonanzas producidas por la venta de materias primas generan revaluación, destruyen la capacidad de la industria nacional para competir en el mundo y desatan un incremento inusual en el consumo de productos importados. Frente a esa realidad, de la cual Michelín es ejemplo, la respuesta ha sido ignorar esos llamados, mientras se hunde el acelerador de los TLC. ¿Hasta cuándo? Sin duda hoy hay que estar abierto a la globalización y nuestro país ha hecho la tarea. Pero es necesario pensar también en las consecuencias y en la necesidad de prever sus riesgos. Y, ante todo, en la obligación de transformar la economía para que pueda responder al desafío, así como en la obligación de defender los sectores que como la agricultura y la industria generan riqueza y desarrollo. De lo contrario Colombia seguirá sufriendo la desindustrialización y sus secuelas de pobreza y descontento social.

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