Historias y víctimas

Mayo 30, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La historia de Pablo Escobar no es sólo un inventario de maldad, de violencia, de excentricidades y de corrupción. Es también la historia de aquellos colombianos que dieron su vida por impedir que los valores perversos asociados a ese flagelo se apoderaran de nuestra sociedad".

Una polémica nacional ha generado el lanzamiento de la telenovela ‘Escobar, el patrón del mal’, que narra la vida del sanguinario capo del narcotráfico que tanto daño le hizo a Colombia.Un sector de colombianos considera que la puesta en escena de la vida de Escobar implica hacer una apología de un personaje siniestro, que puede constituirse en un mal ejemplo para las nuevas generaciones. E incluso se han promovido desde las redes sociales varias páginas que plantean un boicot contra la serie.Quienes defienden el dramatizado, bajo la premisa de que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla, aseguran que es importante que los compatriotas de menos de 20 años entiendan el devenir reciente del país. Y resaltan el rigor con el que se ha hecho el programa.Hay varios signos de que este nuevo espacio televisivo se aparta de algunas producciones anteriores, dedicadas al mundo del narcotráfico, que se caracterizaron por la banalidad, la vulgaridad y porque pretendieron darle un halo de héroes, cuando no de mártires, a quienes se dedicaron a esa nefasta actividad.Resulta interesante que detrás de esta producción estén un hijo de Guillermo Cano, el inmolado director de El Espectador que se convirtió en un símbolo de la lucha contra el narcotráfico, y una sobrina de la esposa de Luis Carlos Galán. Que allegados a las víctimas directas de la violencia promovida por esa mafia busquen que se conozca esa historia refleja que esa etapa dolorosa de la vida nacional dejó lecciones que la sociedad colombiana ha asimilado.Que la historia se cuente desde la perspectiva de las víctimas garantiza que se destaque a un puñado de colombianos valientes, que enfrentaron al inmenso poder de los narcotraficantes sin más armas que una columna de un periódico o una tribuna política. Que esos actos heroicos se muestren en horario triple A es la mejor contribución a que esas vidas ejemplares no se hayan perdido en vano.La historia de Pablo Escobar no es sólo un inventario de maldad, de violencia, de excentricidades y de corrupción. Es también la historia de aquellos colombianos que dieron su vida por impedir que los valores perversos asociados a ese flagelo se apoderaran de nuestra sociedad.Lo que esperamos los colombianos es que el canal de televisión que tomó la decisión de narrar la historia del más sanguinario de los narcotraficantes colombianos no lo haya hecho sólo movido por el rating y buscando exacerbar el inevitable morbo que un personaje de este tipo genera. No es gratuito que decenas de películas y series de TV se hayan dedicado a contar la vida de maleantes famosos como John Dillinger o Al Capone.Es prematuro dar un veredicto definitivo. Del rigor con el que se relate la historia y de la dimensión que se les dé a los personajes que participan en ella, dependerá que esta serie sea o no una contribución a construir la verdadera dimensión histórica de un pasaje de la vida nacional, que por terrible no se debe ocultar.

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