¿Hasta la próxima?

Agosto 29, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Entonces, ¿quién ganó? Nadie. O mejor, los que siguen con el dedo puesto en el gatillo del terrorismo y usan al pueblo palestino como rehén que muestran como víctima de la injusticia israelí, para exigir el fin del Estado de Israel y la desaparición del pueblo judío. Y los que, en el otro lado, se empeñan en conservar asentamientos en territorios palestinos y en reclamar la invasión permanente, como si no hubiera la posibilidad de una solución política".

Con la firma de una tregua en apariencia limitada entre Israel y Hamás, terminaron los 50 días de hostilidades que dejaron más de 2000 muertos, muchos más heridos y la destrucción de los centros de población en la Franja de Gaza. Sin embargo, y ante lo que parece ya ser una guerra eterna, el mundo sólo espera cuándo se producirá la nueva conflagración.Después de la firma del documento se originaron manifestaciones de euforia entre los palestinos, encabezadas por los voceros de Hamás que clamaban victoria, pese a la destrucción, el terror y la muerte que experimentaron los pobladores de Gaza. Y en el otro lado, los organismos oficiales de Israel reclamaron también el triunfo, a pesar de los 5 civiles y 64 soldados que perdieron la vida, de haber tenido que desplegar sus esfuerzos para detener los más de 4500 cohetes que fueron disparados contra su territorio, poniendo en riesgo la supervivencia de sus habitantes.Entonces, ¿quién ganó? Nadie. O mejor, los que siguen con el dedo puesto en el gatillo del terrorismo y usan al pueblo palestino como rehén que muestran como víctima de la injusticia israelí, para exigir el fin del Estado de Israel y la desaparición del pueblo judío. Y los que, en el otro lado, se empeñan en conservar asentamientos en territorios palestinos y en reclamar la invasión permanente, como si no hubiera la posibilidad de una solución política. Es decir, la intolerancia que se disfraza con razones religiosas, para mantener con vida la llama de la violencia. Sí, se firmó el alto al fuego indefinido. Pero bien vistos los resultados, nadie puede declararse victorioso. Porque nadie va a resolver la tragedia de quienes perdieron sus hijos en la guerra; ya que el Estado de Israel no podrá eludir la acusación permanente de haberse excedido en su respuesta, aunque sea legítima pues debe proteger a su Nación; dado que cada vez queda más al descubierto su carácter terrorista, al usar al pueblo palestino que pone los muertos mientras ellos reclaman el triunfo; y porque la Autoridad Palestina demuestra de nuevo su debilidad para representar los intereses de un pueblo al cual el mundo le reconoce el derecho a tener un Estado. Y, con pocas variaciones, la situación volverá a ser exactamente la misma: se abrirán de manera restringida los pasos fronterizos para llevar ayuda humanitaria a los gazatíes, se permitirá ampliar un poco el perímetro en el cual podrán pescar y se empezarán a recibir los recursos para la reconstrucción de la destruida Franja de Gaza. Pero el resto seguirá igual, porque ninguna de las partes muestra la más mínima intención de ceder en sus posiciones. Es decir, no habrá posibilidades de que Hamás reconozca el derecho de Israel a existir. Y en consecuencia, el gobierno israelí seguirá permitiendo la ampliación de los asentamientos en Palestina, porque los partidos más radicales, los que lo mantienen en el poder, lo exigen de esa forma. Así, el mundo deberá esperar que se produzca un nuevo detonante como el asesinato de tres ciudadanos, para que empiece la nueva invasión.

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