Guerra en el Catatumbo

Guerra en el Catatumbo

Marzo 20, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Diez y nueve muertos, centenares de desplazados y miles de colombianos que salen a protestar, reclamando el fin de una guerra absurda por el narcotráfico. Ese es el panorama del Catatumbo, región de Norte de Santander que hoy puede ser el primer productor de coca en Colombia y el epicentro del narcotráfico en la frontera con Venezuela.

La guerra es entre el ELN que quiere liquidar la competencia por la hegemonía que le plantean grupos como los Pelusos o antiguo EPL, las bandas criminales y las disidencias de las antiguas Farc en la región. Es la batalla por el control territorial de una región que se ha caracterizado por su rebeldía contra la autoridad y todo lo que signifique erradicar la cadena de producción de drogas ilícitas.

Esa guerra ha dejado miles de muertos de todos los sectores. Hace poco, en una carretera de la región fue atacada con cilindros bomba una avanzada del Ejército Nacional, dejando diez soldados muertos. Con ello se alimentó la idea de que la ausencia del Estado y la limitación de sus esfuerzos han llevado a crear un vacío de autoridad que es llenado por toda clase de criminales que manejan a su antojo el negocio mortal.

Y está en primerísimo lugar la vecindad con Venezuela y la intervención descarada de sus organismos de seguridad, los que protegen el tráfico y ofrecen todas las garantías para exportar la droga ilícita a Europa o a los Estados Unidos. Así, los delincuentes encuentran la forma de evadir la persecución de nuestras autoridades, mientras los cabecillas del ELN tienen una sombrilla segura para seguir manejando la amenaza contra los colombianos.

Eso es lo que está sucediendo en el Catatumbo. Como en muchas regiones del Pacífico, sus habitantes parecen condenados a pasar de mano en mano y vivir en medio de la amenaza y el terror que desencadenan los grupos de violencia, encabezados por el ELN. Allí se reproducen esas organizaciones y llegan a acumular tanto poder económico y capacidad de amedrentar, que con frecuencia desafían al Estado legítimo, imponen sus reglas y se muestran como organizaciones políticas, alimentados por las respuestas llenas de dudas y de transacciones que sólo contribuyen a incrementar la ilegalidad.

Pero no son organizaciones que merezcan ser reconocidas como políticas, porque usan la violencia para constreñir a las miles de familias que parecen condenadas a la pobreza, el atraso y el aislamiento en el cual los cultivos ilícitos y el comercio de sus derivados aparecen como tabla de salvación, a la cual hay que aferrarse para no morir en medio de las frecuentes guerras de sus explotadores. Son colombianos que enfrentan a diario la tragedia de no tener quién los proteja de la delincuencia que los asfixia.

Es allí donde debe aparecer la autoridad legítima sin contemplaciones ni dudas para devolverles la libertad y el derecho a una vida distinta a la que deben llevar en medio del terror y de la amenaza a su existencia. Más que explicaciones y propuestas de diálogos que han demostrado su inutilidad, el Catatumbo necesita de acciones que lo rescaten de la criminalidad que lo tiene secuestrado.

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