Fútbol y vandalismo

Diciembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"¿Hay mayor contradicción y absurdo más grande, que un evento deportivo destinado a alegrar a la gente y a convocar a la sociedad alrededor de un buen espectáculo, se deba tratar como un episodio de orden público?"

Ocho heridos, 53 buses del MÍO violentados, 83 vidrios de vehículos apedreados, 20 viviendas y negocios con puertas y ventanas dañados, y el decomiso de 185 armas blancas. Los datos no corresponden a disturbios o a protestas. Es el saldo que deja hasta ahora el vandalismo que desataron los hinchas del América de Cali, luego de perder la final del torneo de la Primera B frente a Alianza Petrolera, el pasado sábado. Se trata de una historia que se repite cada vez con más frecuencia en Colombia, en donde en muchos casos el fútbol dejó de ser una pasión deportiva para convertirse en un problema de orden público. Lo sucedido en Cali puede ser una anécdota más en medio de lo que cada semana se presenta en Medellín o en Bogotá o en Barranquilla luego de un partido de fútbol, donde hasta portar la camiseta del equipo contrario se convierte en motivo suficiente para ser agredido o, incluso, para encontrar la muerte a manos de los contrarios. Lo del sábado se da pocos días después de la reunión que realizaron en Medellín las autoridades, representantes de la Dimayor, Coldeportes, los equipos profesionales y los líderes de las llamadas barras bravas para definir, otra vez, una estrategia que le devuelva la tranquilidad al fútbol colombiano, y que rescate la convivencia y la tolerancia en los estadios.Ahora se apunta a crear un Plan Decenal de Seguridad frente al fracaso que han tenido propuestas anteriores. Incluida la Ley del Deporte que determinó sanciones penales para quienes siembren la violencia en los escenarios deportivos e hizo solidarios a los clubes y a las autoridades en la responsabilidad de mantener la concordia en los estadios y sitios públicos cuando se realizan los partidos.La solicitud del Alcalde de Cali de cambiar la sede del partido entre América y Cúcuta del próximo viernes, en que el equipo caleño tendrá su última oportunidad de regresar a la A, refleja el temor que tiene la ciudad de vivir otra vez el vandalismo y la violencia causados por el fútbol. La petición fue negada y ahora el Municipio tendrá que disponer de recursos económicos y desplegar un número mayor de integrantes de la Fuerza Pública para garantizar la seguridad de Cali. ¿Hay mayor contradicción y absurdo más grande, que un evento deportivo destinado a alegrar a la gente y a convocar a la sociedad alrededor de un buen espectáculo, se deba tratar como un episodio de orden público?Para eso no es el fútbol. La pesadilla en que se ha convertido el deporte que mueve a más gente en el mundo, que aleja a los verdaderos aficionados de los estadios, necesita de soluciones contundentes. La responsabilidad es de las autoridades, pero en primer lugar de los dirigentes deportivos, de los equipos y de los propios hinchas, que son los llamados a controlar a esas temibles barras bravas que confunden la pasión con la intolerancia y que han convertido a los estadios y sus alrededores en verdaderos escenarios de guerra. Ojalá la violencia no termine acabando también con el fútbol profesional en Colombia.

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