¿Fracasó el Estado?

¿Fracasó el Estado?

Agosto 24, 2017 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Muy mal está la institucionalidad en Colombia y su respuesta a las necesidades de los ciudadanos. Por lo menos, así lo da a entender el saldo de $10.6 billones de las regalías que aparecen sin ejecutar, según los informes de la Contraloría General de la República.

Según el ente de control, “en el bienio 2015-2016, del saldo sin ejecutar de $10.7 billones de pesos, $6 billones quedaron en el Tesoro Nacional y $4.7 billones en cuentas bancarias de entidades territoriales”. Es decir, la Nación no giró los abundantes recursos que produjo la bonanza del petróleo y los departamentos y municipios guardaron en los bancos una suma con la cual debieron satisfacer las necesidades de los colombianos.

Eso no tiene denominación distinta a un fracaso en la capacidad del Estado para actuar y cumplir su misión. Se argumenta, no sin razón, que en esa demora está la necesidad de defender los recursos de la corrupción y el despilfarro que los agotan en la feria interminable de los contratos amañados, de la malversación en obras suntuarias o en planes que, siendo fundamentales para la sociedad como la educación y la salud, no se cumplen o se dejan abandonados mientras los contratistas y quienes propiciaron los negocios gozan de impunidad.

Eso puede ser cierto, lo que da una idea de la manera en que la reforma con la cual se pretendió esparcir los beneficios petroleros a todo el país y no sólo a los departamentos en los cuales se produce la explotación de minas e hidrocarburos, no fue realizada con criterios apropiados para garantizar su eficacia en la solución de las necesidades. La denuncia de la Contraloría demuestra también la inefectividad de las múltiples entidades de control y vigilancia para cumplir su papel como guardianes del tesoro público y del patrimonio nacional.

Ahora se presenta una reforma que pretende entregarle al Gobierno el manejo autónomo de una porción importante de esas regalías para financiar el posconflicto con la paz. Es la misma fórmula que se aplicó en el desvío de las regalías dedicadas a la investigación que ahora serán destinadas a la construcción y mantenimiento de las vías terciarias en las regiones, lo que dejó sin recursos algo tan importante para un país como la ciencia y la tecnología.

Eso es el centralismo, justificado en la incapacidad de los entes territoriales para cumplir su tarea como administradores, así como en la desconfianza que produce la innegable presencia del clientelismo y la corrupción, el matrimonio que impide a la Nación, a departamentos y a municipios el ejercicio transparente y eficiente de sus obligaciones.
Lo que descubre la denuncia de la Contraloría es entonces la incapacidad del Estado como ente creado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Lo cual aumenta el desconcierto y la desconfianza de los colombianos en sus instituciones.

Y para resolver ese enorme problema no se necesita más reformas constitucionales. Basta con hacer cumplir la ley y poner la voluntad de tener unas instituciones que le sirvan a la Nación, antes que uno sometido a los intereses partidistas y al clientelismo feroz.

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