Final de guerra

Final de guerra

Diciembre 16, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Nada parece estar resuelto en Iraq: el gobierno supuestamente democrático es débil, las fuerzas armadas iraquíes no cuentan con el equipo y el entrenamiento que les permita garantizar la seguridad del país, los conflictos entre sunitas, chiítas y kurdos están al orden del día, y la influencia del radicalismo iraní hoy es más fuerte que nunca".

El pasado miércoles el presidente Barack Obama anunció el fin de la guerra en Iraq y el retorno de los últimos efectivos militares de Estados Unidos en ese país.“Enviamos a jóvenes de ambos sexos para que hicieran un enorme sacrificio en Iraq, y gastamos vastos recursos allá en momentos de grandes necesidades en casa”, dijo Obama, y agregó, “a través de este inolvidable capítulo en la historia de las relaciones entre Estados Unidos e Iraq, hemos reconocido nuestras responsabilidades. Es hora de pasar la página”.Con esta especie de mea culpa, el Presidente aspira a poner final a un doloroso episodio que costó demasiado, tanto para Estados Unidos como para Iraq. Miles de jóvenes estadounidenses muertos y decenas de miles de heridos; más de un trillón de dólares en gastos y una opinión pública dividida en torno a la aventura decidida contra viento y marea por George W. Bush, es el balance presidencial. Y al otro lado quedaron centenares de miles de civiles iraquíes muertos, la mayor parte de la infraestructura del país destruida, alteradas las relaciones entre los grupos religiosos y las etnias, y una perspectiva de gobernabilidad incierta. Esa es la realidad que deja la invasión en ese atribulado país.Aunque Obama reiteró que la invasión a Iraq fue una “equivocación”, también pidió que no se dudara del expresidente George W. Bush en su “apoyo a nuestras tropas, amor por nuestro país y preocupación por la seguridad”. Con ello trató de tender un ramo de olivo a sus rivales republicanos, en plena campaña por su reelección.Así, el discurso presidencial que anuncia el fin de la guerra en Iraq, ni es un parte de victoria, ni tampoco aclara cuál será el comportamiento de Estados Unidos con respecto a los conflictos larvados en la sociedad iraquí, que seguramente reventarán una vez se vayan las tropas estadounidenses. Nada parece estar resuelto en Iraq: el gobierno supuestamente democrático es débil, las fuerzas armadas iraquíes no cuentan con el equipo y el entrenamiento que les permita garantizar la seguridad del país, los conflictos entre sunitas, chiítas y kurdos están al orden del día, y la influencia del radicalismo iraní hoy es más fuerte que nunca.En muchas partes de población chiíta se ha concentrado la oposición a la permanencia de las tropas invasoras, con el clérigo Mogtada al-Sadr a la cabeza. Desde hace meses, centenares se reúnen los viernes a corear “No, no América, no, no América”, por lo que la retirada es vista como una victoria de Mogtada, cuya corriente tiene un tercio del parlamento iraquí, y quien vive la mayor parte del tiempo en Irán.Las dudas se ciernen sobre el futuro de Iraq, cuyo gobierno es frágil, la gobernabilidad discutible y donde ni siquiera se sabe cuál será el grado de compromiso de Estados Unidos en garantizar la seguridad de los iraquíes y la reconstrucción del país.Un final de guerra con sabor amargo, en especial para Iraq. Pero también para Estados Unidos que aprendió con sangre una vieja lección: “Un pueblo no puede imponerle la felicidad a otro sin labrarse sus propias cadenas”.

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