“Estoy a la orden”

“Estoy a la orden”

Enero 23, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Como si Venezuela atravesara por una época normal con una democracia respetable, el régimen que la asfixia acaba de decretar la realización de unas elecciones presidenciales para mayo próximo. Y la cabeza visible de la dictadura, Nicolás Maduro, puso su nombre a la disposición de sus seguidores, apoyado en los fusiles de las Fuerzas Armadas Bolivarianas.

Se equivocan quienes piensan que el llamado es consecuencia de una rectificación para dar paso a la libertad de elegir. Lo ocurrido no es más que una movida calculada de los detentadores del poder, que usaron la espuria Asamblea Constituyente conformada en su integridad por el partido de Maduro, dirigida a asegurar la continuidad del gobierno más corrupto en la historia del país vecino.

Y más audaz en sus movimientos, que incluyen la infiltración y desarticulación de la oposición, hoy dividida en muchas fracciones. La parte que subsiste en su compromiso con la democracia y las libertades ya sabe de la decisión de combatirlos con la cárcel, el hostigamiento, el paramilitarismo y el uso de las fuerzas militares y de policía que no tienen reato cuando se trata de aplicar la represión y el asesinato contra cualquiera que se atreva a oponerse al gobierno, o a protestar contra la destrucción que padece su nación.

Cualquier persona puede asegurar sin mucho esfuerzo que no será posible la reelección de un presidente y un régimen que ha condenado a su país al hambre y al desabastecimiento; que ha destruido su economía, el empleo, el trabajo, su moneda y su tranquilidad; que ha permitido que su territorio sea tierra de paso del narcotráfico y el manejo de su riqueza, el petróleo, se la hayan robado de la manera más grotesca posible, bajo la fachada de un socialismo mentiroso.

Pero eso no parece ser el caso de Venezuela. Lo que está claro es que las elecciones convocadas por una Asamblea Constituyente de bolsillo, que serán manipuladas por un Consejo Electoral que pertenece al régimen y respaldadas por una casta militar corrupta, la más beneficiada con el caos creado por el chavismo, tendrá un solo resultado: la prolongación de la tragedia que padece el pueblo venezolano, obligado a dejar su patria para conseguir siquiera el pancomer.

Es de esperar que la oposición verdadera, no la manipulada por el sistema que se prestó a la farsa de las elecciones locales y regionales, no caiga en la trampa de participar en unos comicios cuyos resultados se saben ya. Que nadie se proponga para darle visos de democracia a una maniobra diabólica, orquestada desde Cuba y condenada por el mundo.
Eso sería legitimar el atropello y sentenciar al hambre y la violencia a uno de los países más ricos en recursos petroleros del Planeta.

Lo que hay en Venezuela no es nada distinto a la dictadura inmoral que arruinó a su país, mató las libertades y pretende mantener el poder asfixiando a los venezolanos con el hambre para conseguir su obediencia incondicional a cambio de comida. Por ello, reelegir a Maduro o a cualquiera de sus conmilitones es una afrenta que no se merece la Nación del Libertador Simón Bolívar.

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