Esperanzas y dudas

Mayo 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

De otra parte, se hace notar que si bien el comunicado describe las acciones que debe tomar el Estado, no menciona el compromiso que adquieren las Farc en la solución del problema que padece el campo colombiano por culpa de la violencia y el despojo al cual lo sometió durante décadas.

En comunicado conjunto, los delegados del Gobierno Nacional y de las Farc reunidos en La Habana, dieron a conocer las concordancias que alcanzaron sobre el primer punto de la agenda contenida en el Acuerdo para la terminación del conflicto en Colombia. Al parecer, y luego de más de seis meses, se logra dar un paso en firme que sin embargo aún deja preocupaciones sobre lo que se está negociando y las implicaciones que tendrá para la Nación.Dice el comunicado que las delegaciones llegaron a un acuerdo denominado “hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral”. Y aunque no específica si se logró un consenso total sobre el primer punto denominado en principio “Política de desarrollo agrario integral”, se nota que hubo un gran esfuerzo por abarcar todo el asunto, el más denso e importante para la paz en Colombia. Con ánimo constructivo, debe reconocerse que la reiterada invocación a la frase “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, deja dudas sobre la profundidad de lo pactado. Resalta que el Gobierno ya no habla de reforma agraria sino de reforma rural. Y que las frases de júbilo despejan por ahora el ambiente pesimista y en veces angustiado por las tácticas dilatorias que están aplicando los representantes de la guerrilla. Pero no deja de inquietar que el jefe de la delegación del Gobierno, doctor Humberto de la Calle, insinúe que quedaron puntos sin acuerdo, lo cual puede ser negociado después.De otra parte, se hace notar que si bien el comunicado describe las acciones que debe tomar el Estado, no menciona el compromiso que adquieren las Farc en la solución del problema que padece el campo colombiano por culpa de la violencia y el despojo al cual lo sometió durante décadas. También es de destacar que el doctor De La Calle expresa que lo acordado “permite transformar de forma radical la realidad rural” de Colombia, declaración que da a entender que la política agraria y las reformas se harán en el acuerdo que se someterá a consulta popular y no en el Congreso de la República ni tendrán el debate público propio de una democracia. Puestos en relieve los asuntos que preocupan también parece importante recordar cuál es el sentido de la negociación. Como lo dice en entrevista publicada en El Tiempo el editor de la revista The Economist de Londres, el acuerdo con el grupo guerrillero “tendría que ser uno en que las Farc reconocen la democracia, se desarman, se desmovilizan y se reincorporan a la vida colombiana”. Es decir, no se trata de su rendición pero tampoco de refundar al Estado en un acuerdo con un movimiento que hoy recibe la peor de las calificaciones entre los colombianos y su poder de negociación sólo tiene el respaldo de su armamento y su capacidad de destrucción. Hechas las anteriores consideraciones, hay que decir que sería un gravísimo error calificar como enemigo de la paz a quien exprese sus dudas y discrepancias sobre lo que ocurre en los diálogos. Y le haría un gran daño al propósito el que se conviertan en bandera electoral, a favor o en contra, como lo expresó el señor Reid en la entrevista citada. Por todo lo que está en juego, hoy hay que pensar en grande y hablarle claro a los colombianos.

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