Elección y dudas

Abril 03, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

En orden pero con grandes inquietudes, Ecuador avanza en el conteo de los votos para la elección del presidente que reemplazará a Rafael Correa. Además de prestarse para especulaciones, la pequeña diferencia entre el candidato oficialista y el de la oposición demuestra la división que vive el pueblo ecuatoriano en materia política.

Sin embargo, es de destacar el cambio que ha experimentado la nación con mayor número de golpes de Estado en América. En otras épocas, lo esperable habría sido un pronunciamiento militar o de los estamentos indígenas, o la explosión de caudillos y líderes populistas que llamaban a desconocer la voluntad popular. Hasta ahora, y aunque se escuchan acusaciones fuertes, lo que se está produciendo es la manifestación pacífica del respaldo al oficialismo o de protesta contra lo que el candidato de la oposición califica como un fraude.

Según los datos del Consejo Nacional Electoral, en el 99,33% de los votos escrutados se produjo una diferencia de 230.000 a favor de Lenín Moreno, el candidato del presidente Correa. Esa cifra, el 2,32% de más de diez millones de sufragios, daría para una actuación cautelosa de la autoridad electoral y del mismo Presidente de la República. Sin embargo, lo que se ha producido son anuncios de tendencias expresados por la entidad llamada a ser neutral en la contienda y festejos anticipados del Gobierno, acompañados de actos oficiales en los cuales el candidato Moreno actúa como presidente oficialmente electo.

Tal actitud demuestra el propósito de proclamar la elección del sucesor ideológico y partidista del mandatario ecuatoriano, conocido por sus actitudes autoritarias que contrastan con la obligación de esperar a que se produzca el reconocimiento oficial de la autoridad electoral. Eso es crear hechos cumplidos, que se alinean con los movimientos de un CNE que se adelantó con rapidez inusitada a presentar tendencias y no resultados definitivos, y en sugerir la victoria del régimen.

Ante esos hechos, el candidato Guillermo Lasso denunció la existencia de un posible fraude y reclamó un escrutinio riguroso. Es su deber como vocero de la mitad de los electores ecuatorianos y como expresión de la inconformidad que se siente en la mitad del Ecuador que se expresó contra el continuismo y contra las prácticas del socialismo siglo XXI encabezado por Correa.

Es ese Ecuador que rechaza las tendencias autocráticas que persiguen la libertad de expresión y se apoderaron de la Justicia para acosar el inconformismo natural contra un presidente que completó 10 años en el poder, usando recursos como las reformas a la Constitución elaborada por él, para permitir su reelección.

Ante la división en dos mitades de su país, se espera entonces que las protestas de Lasso conduzcan a la revisión del proceso electoral. Con ello se despejarán las dudas que hoy existen, se podrá empezar a superar el pesado ambiente creado por la polarización. Así el Gobierno que resulte deberá emprender la tarea de lograr el consenso que requiere Ecuador para superar las dificultades económicas, sociales y políticas que dejó Rafael Correa.

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